Formación, préstamo de material, intercambio de conocimientos, intercambio de personal, cooperación comercial… Unos meses después del lanzamiento de su programa nacional de apadrinamiento, Domaines Skiables de France hace un primer balance. Ya se han puesto en marcha unas cuarenta colaboraciones entre estaciones de esquí francesas. Detrás de estos hermanamientos hay un objetivo: dotar de más recursos a las estaciones pequeñas para que puedan hacer frente a los retos económicos, técnicos y climáticos, sin perder lo que constituye su papel esencial en los territorios de montaña.

Hace unos meses, la idea aún podía parecer, sobre todo, una bonita iniciativa: organizar a escala nacional esa solidaridad informal que siempre ha existido entre los profesionales de la montaña. Ahora, el programa de apadrinamiento ideado por Domaines Skiables de France (DSF) entra en una nueva fase: la de la puesta en práctica.

En la actualidad hay unas cuarenta colaboraciones en marcha entre estaciones voluntarias. Algunas de ellas ya están dando lugar a iniciativas muy concretas: desplazamientos de equipos, transferencia de conocimientos, asistencia técnica, formación del personal, puesta a disposición de material o incluso ofertas comerciales cruzadas.

Una solidaridad que ya no se limita a las buenas intenciones

El principio de este sistema se basa en una constatación bastante sencilla. Las pequeñas estaciones desempeñan un papel determinante en el ecosistema del esquí francés: la iniciación a los deportes de nieve, la práctica de cerca, la actividad económica local, el mantenimiento del empleo en los valles… Pero no disponen necesariamente de los mismos recursos humanos, técnicos o financieros que los grandes dominios.

Sin embargo, deben cumplir los mismos requisitos normativos, técnicos y medioambientales, en un contexto caracterizado por el aumento de los costes y una mayor variabilidad en las condiciones de nieve. Por ello, DSF pretende generar un auténtico efecto palanca, poniendo a su disposición parte de la experiencia y los conocimientos acumulados por otros operadores.

El patrocinio se sustenta, por tanto, en tres pilares.

El primero se refiere a la estrategia y la gestión: modelos económicos, recursos humanos, concesiones de servicios públicos, diversificación para las cuatro estaciones, transición energética o incluso adaptación al cambio climático, en particular mediante el uso de herramientas como Climsnow.

El segundo es mucho más operativo: seguridad de las pistas, remontes, preparación de pistas, nieve artificial, mantenimiento preventivo, relaciones con los proveedores o mantenimiento de los equipos.

El tercero se centra en la RSE y el arraigo territorial, desde los balances de carbono hasta la biodiversidad, pasando por el uso compartido del agua, el desmantelamiento de instalaciones obsoletas o incluso la circulación de material de segunda mano.

Por lo tanto, no se trata tanto de «asesorar» a las pequeñas estructuras como de facilitarles el acceso a unos servicios de ingeniería que no siempre tienen la capacidad de internalizar.

La Rosière y el Ballon d’Alsace: el patrocinio ya se traduce en una oferta para los esquiadores

Entre las primeras iniciativas presentadas por DSF, la colaboración entre La Rosière Domaine Outdoor y el Ballon d’Alsace pone de manifiesto hasta dónde puede llegar esta solidaridad. Los días 8 y 9 de septiembre de 2026, equipos de La Rosière se desplazaron a las instalaciones del Sindicato Mixto Interdepartamental del Ballon d’Alsace. Este último gestiona, entre otras cosas, siete telesquís y cuenta con un equipo de innivación.

Solidarité entre La Rosière Domaine Outdoor et le Ballon d'Alsace
Colaboración entre La Rosière Domaine Outdoor y el Ballon d’Alsace

Entre los temas a tratar figuran: la organización del ámbito, la identificación de los factores de apoyo y el intercambio de experiencias entre equipos. Sin embargo, los debates ya han traspasado el mero ámbito técnico.

Se ha acordado una primera medida muy concreta: la reciprocidad entre ambas estaciones. De este modo, los clientes de Saboya podrán disfrutar de tres días de esquí en el Ballon d’Alsace, mientras que los esquiadores de los Vosgos podrán disfrutar de el Espace San Bernardo, el dominio franco-italiano al que pertenece La Rosière. Esta iniciativa resulta interesante por varios motivos. Demuestra que el patrocinio no consiste únicamente en intercambiar conocimientos entre técnicos o directivos: también puede dar lugar a puentes comerciales que los esquiadores pueden apreciar directamente.

De la Tarentaise a la Drôme: transmitir conocimientos… y recursos

Otro ejemplo muy práctico: la colaboración entre las Stations de la Drôme y dos operadores de Tarentaise. El 7 de julio de 2026, Christian Morin, presidente de las Estaciones de la Drôme, firmó un convenio de colaboración con Didier Bobillier, director general de SEVABEL, filial de la Compagnie des Alpes que gestiona Les Menuires, y Raphaël Luzy, director general adjunto de la Régie des pistes des Belleville, que opera en Saint-Martin-de-Belleville, Les Menuires y Val Thorens.

Los equipos de Tarentaise se desplazaron a Font d’Urle y al Col de Rousset para conocer estas zonas y definir las líneas de cooperación.

Una vez más, el contenido del convenio pone de manifiesto hasta qué punto el término «patrocinio» abarca acciones concretas: formación técnica del personal, refuerzos puntuales en piezas y equipamiento, apoyo en personal en determinados momentos clave, intercambio de conocimientos especializados o incluso el desarrollo de acciones de comunicación conjuntas.

En otras palabras, cuando un pequeño empresario se enfrenta a una dificultad puntual, la respuesta puede ser colectiva. Esta puesta en común cobra especial importancia en un sector en el que algunas competencias son muy especializadas y en el que mantener un alto nivel de experiencia técnica supone un coste difícilmente comparable entre una gran finca y una estación que explota unos pocos remontes.

Morzine y el Mont Serein: crear también una cultura común

En Morzine y en el Mont Serein, el hermanamiento comenzó con un encuentro. Una delegación de Morzine se desplazó a la estación del Mont Serein para intercambiar impresiones con los equipos locales. La visita permitió comparar experiencias, métodos y buenas prácticas antes de abordar las próximas etapas de la colaboración. Una dimensión humana que puede parecer menos espectacular que el préstamo de una pieza mecánica o la cesión de un empleado, pero que probablemente constituye uno de los motores esenciales de la iniciativa.

Station de Morzine
Estación de Morzine

Porque, más allá de las estaciones de esquí, lo que hay ante todo son equipos que deben poder ponerse en contacto entre sí, comparar sus prácticas e identificar rápidamente a la persona que pueda dar una respuesta.

Font-Romeu – Les Estables: una de las primeras parejas ya había abierto el camino

En nuestro primer artículo dedicado a esta iniciativa, I Love Ski había seguido, entre otras cosas, la fusión entre Font-Romeu Pyrénées 2000 y Les Estables, uno de los primeros acuerdos de colaboración oficializados, junto con el que unió a Chamrousse y Saint-Hugues-les Égaux durante el Mountain Planet, el pasado 21 de abril.

Este primer ejemplo ya había permitido comprender una de las particularidades del programa: el mentor no está ahí para replicar su propio modelo. Es evidente que una finca grande o mediana no funciona en el mismo entorno que una pequeña explotación. Se trata más bien de transmitir métodos, comparar herramientas y ayudar al otro agricultor a identificar las soluciones adecuadas a su propia realidad.

No dejar que ningún territorio «se quede atrás»

Para Anne Marty, presidenta de Domaines Skiables de France, ahí reside precisamente el objetivo del programa. «Con este programa de apadrinamiento, potenciamos lo que ya constituye el punto fuerte de nuestra profesión: una solidaridad muy concreta entre los grandes dominios y las pequeñas estaciones. El objetivo es sencillo: no dejar que ningún territorio se quede atrás ante los retos climáticos, económicos y sociales que afectan a la montaña.»

La elección de las palabras es importante. No se trata únicamente de preservar los remontes: detrás de estas estaciones hay zonas de práctica, puestos de trabajo, comercios, escuelas de esquí y, en general, toda una economía local.

De hecho, DSF desea ampliar esta lógica a otros actores: municipios, proveedores, agricultores o escuelas de esquí, en la línea de las colaboraciones que ya existen en torno al uso compartido del agua, los pastos de montaña o la conservación de los paisajes.

Una solidaridad que ya existía, pero que ahora alcanza nuevas dimensiones

Sin embargo, el patrocinio no parte de cero. Desde hace más de veinte años, el sector cuenta, entre otras cosas, con Nivalliance, un fondo mutualista de seguros contra los riesgos relacionados con la nieve, financiado al 100 % por las estaciones de esquí. Según la DSF, desde 2005 se han redistribuido más de 23 millones de euros entre los operadores más afectados.

A ello se suman las medidas de simplificación dirigidas a los 100 agricultores más pequeños, la plataforma de maquinaria de segunda mano o las acciones de voluntariado para desmontar instalaciones que han quedado obsoletas.

La novedad no radica, por tanto, tanto en la aparición de la solidaridad como en su estructuración. Lo que antes formaba parte de las relaciones personales, de la ayuda mutua entre vecinos o de iniciativas puntuales, adopta hoy la forma de una red organizada, identificada y capaz de movilizar las competencias disponibles en todo el colectivo profesional.

En Valencia, las pequeñas estaciones, protagonistas del Congreso DSF

El Congreso 2026 de Domaines Skiables de France, celebrado esta semana en Valence, también ha servido para impulsar esta iniciativa. Todas las estaciones pequeñas fueron invitadas gratuitamente al congreso y se les dedicó una sesión específica la mañana del viernes 25 de septiembre.

La señal que envía el sector dista mucho de ser anecdótica. Y es que, en un momento en el que gran parte de los debates sobre el futuro del esquí se centran, lógicamente, en la adaptación al cambio climático, la eficiencia energética o las cuantiosas inversiones de los grandes complejos, esta iniciativa vuelve a poner en primer plano otro componente de la montaña francesa: las estaciones de proximidad.

No disponen de los mismos recursos. No se dirigen necesariamente al mismo tipo de clientela. Pero suelen ser el primer contacto con la nieve y el esquí para miles de esquiadores.

Con unas cuarenta colaboraciones ya en marcha, DSF intenta así convertir una cultura histórica de ayuda mutua en una auténtica herramienta colectiva. Y los primeros ejemplos demuestran que esta solidaridad ya no es solo una declaración de principios: ahora se materializa en forma de conocimientos técnicos, piezas de recambio, personal, formación, jornadas de esquí… y, sobre todo, en el tiempo que una estación dedica a otra.

Quizá sea ahí donde resida, en definitiva, la fuerza de esta iniciativa: recordar que, más allá de sus diferencias de tamaño, altitud o modelo económico, las estaciones de esquí forman parte de un mismo ecosistema, y que a todas les conviene preservarlo juntas.