A partir de la temporada 2026/27, cualquier esquiador que participe en una competición FIS de esquí alpino deberá llevar protección anticorte en las piernas. La medida, inicialmente reservada a los niveles superiores de competición, se extiende ahora a todo el circuito FIS. 

La seguridad continúa transformando el equipamiento del esquí alpino de competición. Después de la introducción obligatoria de los airbags en determinadas pruebas de velocidad, la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS) da un nuevo paso para la temporada 2026/27.

La nueva normativa es inequívoca:

«Los pantalones o prendas interiores resistentes a los cortes serán obligatorios en todas las competiciones FIS de esquí alpino.»

La edición 2026/27 de las Specifications for Alpine Competition Equipment, publicada oficialmente por la FIS el 6 de julio de 2026, establece que la protección deberá cubrir toda la zona comprendida entre la cresta ilíaca -la parte superior de la pelvis- y el comienzo de la bota de esquí. Además, deberá alcanzar como mínimo el nivel de protección FIS de tres estrellas. La novedad es importante porque amplía considerablemente el número de corredores que deberán adaptarse a la normativa.

De la Copa del Mundo a todas las carreras FIS

La protección anticorte no aparece de repente en 2026. Durante la temporada 2025/26, la FIS ya había impuesto el pantalón anticorte en las competiciones de nivel 0 y 1, es decir, fundamentalmente en los escalones superiores de la competición internacional. Para el resto de niveles su utilización estaba recomendada. Pero ahora las cosas han cambiado.

La normativa especifica ahora que el pantalón anticorte es obligatorio en “all FIS Alpine Skiing events”, todas las competiciones FIS de esquí alpino. Por tanto, la medida deja de concernir únicamente a la élite internacional y pasa a afectar a corredores que compiten en los diferentes niveles reconocidos por la Federación. Este detalle resulta especialmente relevante para clubes, federaciones nacionales, entrenadores, jóvenes corredores y familias, que deberán verificar que el material utilizado responde efectivamente a la homologación exigida.

¿Por qué puede cortar un esquí?

Puede parecer paradójico que uno de los principales elementos de protección de un corredor sea una prenda diseñada para protegerlo… de sus propios esquís.

Pero los cantos metálicos utilizados en competición se preparan para proporcionar un agarre extremadamente elevado sobre superficies de nieve muy compactas y, en determinadas circunstancias, pueden comportarse como una superficie cortante.

El problema aparece fundamentalmente durante una caída. Un esquí puede desprenderse, cruzarse con una pierna o alcanzar al propio corredor -o a otro deportista- a elevada velocidad.

El Instituto Alemán de Investigación Textil y de Fibras (DITF), que participa en los ensayos utilizados por la FIS para evaluar estos tejidos, explica que las lesiones producidas por los cantos pueden llegar a ser graves e incluso, en los casos extremos, poner en peligro la vida del deportista. De hecho, uno de los accidentes que puso el problema bajo los focos ocurrió en enero de 2024 en la prueba de Wengen. El noruego Aleksander Aamodt Kilde sufrió una violenta caída en el descenso del Lauberhorn y padeció, entre otras lesiones, un profundo corte en la pierna.

La propia FIS ha utilizado posteriormente el caso de Kilde para explicar la necesidad de las nuevas medidas. Markus Waldner, director de carrera de la Copa del Mundo masculina, señaló que el noruego no llevaba protección anticorte y que la lesión sufrida en la pantorrilla fue particularmente grave. Y el problema es que no fue un caso aislado.

La preocupación por este tipo de lesiones llevaba varios años creciendo dentro del circuito y entre los fabricantes. Atletas como Breezy Johnson comenzaron a utilizar prendas específicas, y otros corredores de primer nivel fueron incorporándolas progresivamente antes de que la FIS decidiera convertirlas en obligatorias.

¿Qué significa realmente que un pantalón sea “anticorte”?

La propia FIS advierte expresamente que estas prendas ofrecen una protección suplementaria, no una protección absoluta. Deben utilizarse en la talla adecuada, siguiendo las instrucciones del fabricante y sin modificaciones respecto al producto certificado. Para establecer su resistencia, la FIS utiliza el estándar FIS-DITF 2021, desarrollado con el instituto alemán DITF. El sistema clasifica los tejidos mediante cinco niveles.

Una estrella corresponde a una fuerza de corte de 100 N; dos estrellas, a 200 N; tres estrellas, a 300 N; cuatro estrellas, a 400 N; y cinco estrellas, a 500 N.

«Esta temporada, la FIS exige como mínimo tres estrellas, es decir, el nivel correspondiente a 300 N.»

Además, el material se comprueba en orientaciones de 0°, 45° y 90°, y es el resultado más desfavorable el que determina finalmente el nivel FIS de la prenda. Y este detalle es relevante dado que un canto no entra necesariamente en contacto con el tejido siguiendo la orientación de sus fibras.

¿Cómo saber si un pantalón cumple la normativa?

No bastará, por tanto, con comprar una prenda comercializada simplemente como “cut resistant” sino que para competir deberá disponer de la correspondiente etiqueta de conformidad FIS.

En el caso del pantalón, esta etiqueta debe estar fijada de manera permanente en la parte posterior de la zona inferior de la pierna izquierda, justo por encima de la caña de la bota. La etiqueta identifica la conformidad con las especificaciones FIS y muestra mediante estrellas el nivel de protección alcanzado. Para obtener esta certificación, el fabricante debe presentar el protocolo de ensayo correspondiente a la FIS Athletes Health Unit.

Por tanto, para un corredor que vaya a participar este invierno en una prueba FIS hay dos elementos esenciales que comprobar: la presencia de la homologación FIS y un nivel mínimo de tres estrellas.

¿Y la parte superior del cuerpo?

Por el momento, la obligación general establecida para 2026/27 se concentra en las piernas.

La protección debe extenderse desde la cresta ilíaca hasta la parte superior de la bota. En cambio, la FIS recomienda encarecidamente, pero no convierte en obligatorias de manera general, las camisetas anticorte y las protecciones integrales del cuerpo aunque visto lo visto, no tardará en llegar.

Esta distinción es importante, porque permite intuir hacia dónde puede evolucionar la seguridad en competición. La tecnología ya permite proteger zonas mucho más extensas del cuerpo y el reglamento contempla expresamente prendas superiores certificadas. Pero ampliar la superficie protegida también plantea cuestiones relacionadas con la movilidad, transpirabilidad, confort, coste y adaptación del equipamiento.

La seguridad está cambiando el equipamiento del corredor

El pantalón anticorte forma parte de una transformación profunda que está viviendo el esquí alpino de competición.

La FIS ha ido introduciendo nuevas exigencias sobre cascos de esquí, protecciones, botas y airbags.

«Para las pruebas de velocidad de los niveles 0 y 1, por ejemplo, el airbag es obligatorio.»

Estos dispositivos deben detectar automáticamente una situación de caída y desplegarse sin intervención del corredor; la normativa establece incluso un tiempo máximo de inflado de 200 milisegundos y exige que permanezcan completamente inflados durante al menos tres segundos.

Antes de imponerlos, la tecnología fue sometida a miles de bajadas de desarrollo. La FIS informó de más de 7.000 descensos de prueba, más de 300 crash tests y más de 200 atletas implicados en el proceso. La filosofía es similar en el caso de las prendas anticorte: intentar reducir las consecuencias de accidentes que difícilmente podrán eliminarse por completo.

Más seguridad, pero también más equipamiento y más costes

Esta evolución abre otra cuestión especialmente sensible en el esquí de competición: ¿hasta dónde puede incrementarse el equipamiento obligatorio sin aumentar excesivamente el coste de acceso a este deporte?

Es precisamente un asunto que Olmo Hernán, director general de la Real Federación Española de Deportes de Invierno (RFEDI), abordó recientemente en una entrevista con I Love Ski.

RFEDI 2025: la visión de Olmo Hernán para el futuro del esquí español

Al hablar sobre seguridad y evolución del material, Hernán señalaba la necesidad de analizar el impacto económico de las nuevas obligaciones sobre deportistas y familias:

“Mejorar la seguridad -ya sea mediante airbags, tejidos protectores o sistemas contra lesiones por corte- supone un coste, y hay que encontrar un equilibrio razonable”.

La extensión de los pantalones anticorte a todas las carreras FIS amplía inevitablemente el debate sobre el coste del equipamiento, especialmente para clubes y familias. Pero cuando se trata de reducir las consecuencias de una caída y proteger la integridad de los deportistas, la seguridad debe seguir siendo una prioridad.

La nueva normativa FIS 2026/27 va precisamente en esa dirección. Puede parecer un cambio menor, limitado a una prenda que apenas se ve bajo el mono de competición, pero forma parte de una evolución mucho más profunda: aprovechar los avances tecnológicos y del material para proteger mejor a los atletas sin alterar la esencia de este deporte.

El esquí alpino seguirá siendo una disciplina de velocidad en la que el riesgo nunca podrá desaparecer por completo. El objetivo no es eliminarlo, sino hacer todo lo posible para reducir sus consecuencias cuando se produce un accidente.

Cascos, espalderas, airbags o tejidos resistentes al corte responden a esa misma lógica. Y si una nueva tecnología puede evitar una lesión grave, su incorporación supone un paso más hacia una competición más segura, en la que la búsqueda del rendimiento vaya siempre acompañada de la máxima protección posible para quienes están en la pista.