Conseguir que una bota de esquí sujete el pie de forma homogénea es clave para transmitir con precisión los movimientos y las fuerzas hacia el esquí. Cuando la presión se concentra demasiado en determinados puntos aparecen dolor, entumecimiento y pérdida de confort; cuando existe demasiada holgura, el pie se mueve dentro de la carcasa, disminuye el control y pueden aumentar las tensiones sobre determinadas articulaciones. Hasta aquí, nada nuevo.

Durante años, la principal promesa del sistema BOA en las botas de esquí fue sencilla: ofrecer un ajuste más preciso. Ahora la compañía quiere ir un paso más allá y demostrar que la forma en que una bota envuelve y sujeta el pie puede influir también en la transmisión de fuerza, la estabilidad y el control. Su Human Performance Fit Lab lleva ocho años midiendo esas variables. La siguiente frontera será comprobar hasta qué punto esta tecnología termina entrando también en el último territorio donde las hebillas tradicionales siguen mandando: las botas de los corredores de Copa del Mundo.


Todo esquiador con cierta experiencia conoce la escena: se pone las botas relativamente flojas, sube en el primer remonte y, justo antes de la primera bajada de la mañana, con las botas todavía frías, aparece la duda: ¿las aprieto al máximo o solamente un poco?

Demasiado floja y el pie se mueve. Demasiado apretada y, unas bajadas después, aparecen la presión sobre el empeine, el hormigueo, los dedos dormidos o incluso el dolor producido por las botas de esquí.

Durante décadas hemos aceptado esa negociación permanente como parte del esquí. La bota debe sujetar el pie con firmeza porque tiene que transmitir nuestros movimientos al esquí, pero esa misma presión puede convertirse en una fuente de incomodidad y el sistema BOA quiere demostrar que no necesariamente tiene que ser así.

La compañía estadounidense, que cumple 25 años en 2026, acaba de publicar el primer informe de impacto de su Human Performance Fit Lab (HPFL), el laboratorio con el que intenta medir científicamente hasta qué punto la forma de sujetar el pie puede influir no solamente en el confort, sino también en el rendimiento. Y algunas de las cifras que aportan en su nota de prensa nos han llamado la atención.



 

En esquí alpino, BOA asegura que aporta hasta un 6% de mejora en la transferencia de potencia, un 10% en estabilidad y control, una reducción de hasta el 14 % de la presión máxima sobre el empeine y diferencias de hasta 0,45 segundos en recorridos de competición.

Pero detrás de esos porcentajes, nos quedamos con una idea: sujetar mejor el pie no es simplemente apretar más la bota, sino repartir mejor la presión en toda la superficie del pie.

Pero cabe recordar que el sistema de cierre sigue siendo solo una parte del ajuste de una bota. La talla, la horma, el volumen del pie, el botín, el flex y el trabajo de bootfitting siguen siendo determinantes. Un BOA perfectamente regulado no puede corregir una bota cuya geometría no corresponde al pie del esquiador.

De una rueda que sustituía las hebillas a estudiar biomecánica

BOA nació en 2001 y asegura haber equipado desde entonces a cerca de 300 millones de usuarios. Durante buena parte de su historia, el argumento era bastante fácil de entender:

«sustituir determinados sistemas de cordones o cierres por un dial capaz de proporcionar pequeños incrementos de tensión.»

Pero en el 2018 la compañía creó su Human Performance Fit Lab y comenzó a estudiar no solamente su sistema de cierre, sino la relación entre pie, calzado y movimiento humano.

Ocho años después, BOA asegura haber acumulado más de 17.000 millones de puntos de datos, realizado más de 1.871 pruebas con deportistas y profesionales y participado en el desarrollo de más de 645 soluciones de producto con sus marcas asociadas. También afirma haber publicado seis trabajos técnicos sometidos a revisión externa.

Y todos estos análisis de laboratorio y pruebas reales iban orientados a un objetivo múltiple. Intentar medir qué ocurre cuando un deportista gira, acelera, aterriza, empuja o cambia de dirección: dónde aparece la presión, cuándo se genera la fuerza, cuánto tarda esa fuerza en transmitirse y cuánto movimiento existe dentro del calzado.

En el esquí, donde la bota constituye prácticamente la única conexión mecánica entre nuestro cuerpo y los esquís, la medición parece que tiene bastante sentido.

¿Qué cambia realmente dentro de una bota de esquí?

Una bota de esquí tradicional utiliza varias hebillas para aproximar y comprimir la carcasa alrededor del pie. Son las de toda la vida. El sistema BOA funciona de otra manera. Un cable recorre diferentes puntos de la carcasa y, al girar el dial, aumenta progresivamente la tensión alrededor del pie, cambiando la forma en que la presión se distribuye.

En algunas de las mejores botas de esquí con BOA, observamos que se ha rediseñado la propia arquitectura de la bota. HEAD utiliza en su Kaliber una carcasa bi-inyectada con plásticos más rígidos en las zonas de transmisión y más flexibles sobre el antepié; K2 también utiliza diferentes durezas de poliuretano termoplástico (TPU) según la función de cada zona de la carcasa.; y Salomon ha desarrollado su ExoDrive con refuerzos, capas adicionales de poliuretano y un pivote desplazado para trabajar conjuntamente con el cierre BOA.

La presión que ejerce el sistema BOA® parece ser mucho más homogéneo que con el sistema de cierre tradicional
La presión que ejerce el sistema BOA® parece ser mucho más homogéneo que con el sistema de cierre tradicional

El informe de BOA muestra en la imagen superior una comparación de los mapas de presión obtenidos con una bota equipada con BOA y otra con cierre tradicional. La representación es visualmente muy expresiva: en la configuración con hebillas aparecen zonas de mayor presión concentradas en determinados puntos del empeine, mientras que con BOA la presión se distribuye de forma más homogénea. Conviene, sin embargo, no interpretar el gráfico como si una bota BOA envolviera automáticamente el pie “como un guante”. Es el resultado de una configuración y un protocolo de ensayo determinados, y el sistema de cierre es solo una de las variables que condicionan el ajuste. 

Un buen bootfitting busca precisamente ese mismo objetivo de repartir mejor las presiones:

«Elegir una horma adecuada al pie, termoformar el botín y, cuando es necesario, trabajar localmente la carcasa para liberar puntos conflictivos.»

La diferencia es que BOA intenta favorecer esa distribución desde la propia arquitectura y el funcionamiento del cierre, permitiendo además reajustarla progresivamente durante la utilización de la bota.

En resumen, BOA trabaja sobre cómo se cierra la bota y el bootfitting, sobre cómo esa bota se adapta al pie. Son dos trabajos distintos y potencialmente complementarios. Desde nuestro punto de vista, el punto de partida continúa siendo que la bota tenga una geometría adecuada para ese pie.

22 esquiadores y dos botas prácticamente idénticas

En 2023 se publicó en Frontiers in Sports and Active Living una investigación que comparaba dos versiones de una misma Salomon S/Pro Supra Max 120. La diferencia principal estaba en el sistema de cierre de la carcasa inferior: una utilizaba BOA y la otra hebillas. Participaron inicialmente 22 esquiadores y durante las bajadas se utilizaron sensores de presión plantar y unidades de medición inercial para estudiar lo que ocurría durante los virajes. Los investigadores intentaron medir objetivamente cómo cambiaba el comportamiento del esquiador sin embargo la muestra no representa a todo el mercado: los participantes eran hombres, esquiadores expertos y habituados al carving. El estudio no permite saber si los mismos efectos tendrían la misma magnitud en niños, mujeres, principiantes, esquiadores ligeros o morfologías de pie muy diferentes.



Más allá de estos detalles que consideramos relevantes tener en cuenta, los participantes valoraron mejor la configuración BOA en aspectos como el carving, la confianza y el ajuste general. También se observaron diferencias en la fuerza ejercida sobre los esquís y en la velocidad con la que se desarrollaba esa fuerza. Pero hay un dato particularmente interesante:

«No se encontraron diferencias significativas en el ángulo de canto.»

Es decir, BOA no hacía que el esquiador inclinase más el esquí, sino que la diferencia aparecía fundamentalmente en cómo se transmitía la fuerza. Vamos a explicarlo.
El estudio no detectó solamente más fuerza, sino una aplicación más rápida de esa fuerza. Con BOA, los esquiadores alcanzaron antes el pico de carga sobre el esquí exterior, un dato especialmente relevante en carving, donde la rapidez con la que se construye la presión sobre el canto condiciona la entrada y el desarrollo del viraje.

Más fuerza sin apretar más el pie

Una bota muy apretada puede proporcionar sensación de precisión, pero también crear puntos de presión muy elevados o incluso que la compresión excesiva sobre el empeine llegue a reducir la circulación sanguínea y favorecer el llamado “cold leg phenomenon”, es decir, pérdida de temperatura asociada a la compresión de la bota.

El propio estudio recuerda algo que todos más o menos hemos sufrido en un viaje de esquí: las carcasas rígidas pueden llegar a generar presiones suficientes para afectar a la circulación del pie y provocar entumecimiento. Y sin embargo la configuración envolvente estudiada presentó una presión más homogénea.

Y el informe 2026 del Human Performance Fit Lab resume el resultado con una cifra bastante significativa:

«Hasta un 14 % menos de presión máxima sobre la parte superior del pie.

BOA asocia esta configuración con mejoras de hasta el 6% en transferencia de potencia y el 10% en estabilidad y control dentro de sus diferentes protocolos de ensayo. Además, el estudio registró un 12 % menos de presión media sobre el empeine y una reducción del 15 % en la variabilidad de esa presión. Es decir, la principal diferencia es que el sistema BOA conseguía repartir la carga de forma más uniforme. Y aquí conviene precisar algo: esos porcentajes no significan que cualquier esquiador vaya a ganar automáticamente un 6% de potencia o un 10% de control simplemente por cambiar sus hebillas por el sistema BOA.

Son resultados obtenidos en protocolos y configuraciones concretos, por lo que en la redacción de I Love Ski tenemos un consenso: el rendimiento real dependerá también de la bota, el pie, el nivel técnico, la nieve y el propio esquiador.

¿Y los famosos 0,45 segundos?

BOA afirma haber registrado hasta 0,45 segundos de mejora en recorridos de competición de alto nivel. Desde la publicación del estudio inicial, la compañía asegura haber analizado más de 200 bajadas con corredores de Copa de Europa y Copa del Mundo (no en mangas oficiales de competición) para seguir analizando sus configuraciones en condiciones de alto rendimiento.

«BOA está claramente intentando dar el salto desde el producto comercial y el testing de élite hacia la competición alpina pura, pero el cierre clásico de hebillas sigue dominando las botas race de Copa del Mundo.»

El catálogo racing 2026/27 de Salomon, por ejemplo, mantiene su S/PRO Race 140 con cuatro hebillas, mientras introduce BOA en modelos S/PRO Alpha C 130 situados alrededor del universo competición. Por otro lado, para el esquiador recreativo, probablemente sea más relevante conseguir que el pie permanezca estable dentro de la bota sin tener que localizar toda la presión en dos o tres puntos que pueden acabar generando dolor y falta de transmisión si no se realiza un correcto bootfitting por un profesional.

El siguiente paso es el DUAL DIAL: dos BOA en una misma bota

La evolución actual de las botas introduce además una diferencia importante respecto a las primeras generaciones. Ya no hablamos solamente de sustituir las dos hebillas inferiores por un dial. Los modelos Dual BOA como el que probamos permiten actuar separadamente sobre dos partes de la bota. La lógica biomecánica aparece claramente representada en el informe.

  • En la parte inferior, el cierre de la carcasa busca fijar el talón y conectar el mediopié para favorecer la transmisión hacia el esquí.
  • En la parte superior, el cierre de la caña interviene sobre el control de la pierna y la transferencia de potencia de un canto al otro.

Son dos funciones distintas y, por tanto, tiene sentido poder regularlas independientemente. Estamos pasando de una bota en la que se regula la presión en cuatro puntos mediante cuatro hebillas a sistemas que intentan controlar zonas completas del pie y de la tibia/peroné.

BOA también mira al snowboard y al esquí nórdico

El mismo principio se está aplicando en snowboard. En este caso resulta particularmente importante conseguir que el talón no se levante dentro de la bota cuando el rider transmite fuerza hacia una de las caras.

BOA comenzó a estudiar específicamente la relación entre ajuste, biomecánica y carving en snowboard en 2021 y, a partir de esos datos, desarrolló su sistema PerformFit Wrap.

El informe 2026 atribuye a esta configuración mejoras de hasta un 3% en velocidad, un 4,5% en transferencia de potencia y un 9% en estabilidad y control, además de hasta un 5% más de retención del talón durante los giros sobre la punta del pie.

De nuevo aparece la misma idea en snowboard: limitar los pequeños movimientos que se producen dentro de la bota para transformar con mayor eficacia el movimiento del deportista en una acción sobre el material.

Aunque quizá el apartado más novedoso del informe sea el esquí nórdico dado que en esta disciplina deportiva la lógica es algo diferente. En alpino buscamos fundamentalmente transmitir fuerzas hacia los esquís y controlar los cantos. En fondo, cada pequeña pérdida de movimiento entre el pie y la bota puede convertirse en energía que no llega a transformarse en propulsión.

BOA ha realizado ensayos preliminares sobre rollerski con atletas de Copa del Mundo, Copa de Europa y NCAA Division I. Al comparar la misma bota equipada con PerformFit Wrap y con cordones tradicionales, la compañía señala hasta un 2% de mejora en la retención del talón.

Quizás este porcentaje puede parecer poco, pero en una disciplina basada en repetir miles de veces el ciclo de impulso y deslizamiento, pequeñas diferencias pueden resultar relevantes, especialmente en competición.

92 medallas en Milano Cortina: un dato que hay que interpretar bien

En los Juegos Olímpicos de Milano Cortina 2026, deportistas que utilizaban productos equipados con tecnología BOA de Atomic, Fischer, Madshus, Salomon y Rossignol consiguieron 92 medallas: 32 de oro, 27 de plata y 33 de bronce.

El dato demuestra hasta qué punto BOA ha penetrado en el material utilizado al máximo nivel, pero sinceramente, esto no demuestra que esos deportistas ganasen gracias a BOA.

Sería tan incorrecto atribuir una medalla al sistema de cierre como atribuírsela exclusivamente al esquí, a la fijación o al entrenador. Lo cierto y evidente, es que el resultado depende de multitud de variables.

Sin embargo consideramos la cifra interesante por otra razón: una tecnología que hace relativamente pocos años parecía reservada principalmente a principiantes, al snowboard o al outdoor está entrando ahora de lleno en diferentes disciplinas de nieve de competición.

Una investigación de BOA que no ponemos en duda, pero que debemos poner en contexto

El estudio de esquí alpino de 2023 fue publicado en una revista científica y está indexado en PubMed. Sin embargo, sus tres autores pertenecen al Performance Fit Laboratory de BOA Technology y la investigación recibió financiación de BOA. La publicación declara esta relación de forma transparente. Esto no invalida los resultados, pero sí significa que conviene interpretarlos en su contexto.

La muestra de 22 esquiadores sigue siendo relativamente pequeña y sería especialmente interesante disponer en el futuro de estudios completamente independientes que reproduzcan los experimentos con más participantes, diferentes niveles técnicos, diferentes morfologías de pie y distintos modelos de bota.

La propia BOA explica que publica sus métodos y busca revisión científica externa precisamente para someter sus conclusiones al escrutinio de investigadores y laboratorios del sector. Y es que BOA ya ha llevado su tecnología desde el producto comercial hasta el testing con corredores de élite. La siguiente frontera es la competición alpina pura, donde el cierre clásico de hebillas continúa dominando las botas race de Copa del Mundo.

Por último, debemos tratar el tema de la microregulación dado que también tiene también su contrapartida. Una hebilla permite memorizar fácilmente una posición mientras que con un dial continuo hay que reencontrar el nivel de tensión adecuado. También recordamos cuando probamos las botas de esquí Dual BOA que pueden resultar rígidas haciendo que el calzado y descalzado pueda resultar menos sencillo, especialmente cuando el plástico está muy frío.

La durabilidad ha sido otra de las dudas recurrentes entre los esquiadores acostumbrados a las hebillas, aunque desde nuestro punto de vista sin mucho fundamento. La actual plataforma alpina utiliza cables de acero y componentes específicos para las cargas de una bota de esquí, y BOA ofrece kits de sustitución para cable y dial. Eso no convierte el sistema en irrompible, pero sí relativiza la imagen de fragilidad que acompañó a sus primeras apariciones en el esquí alpino.