Desencadenar preventivamente una avalancha forma parte de las operaciones de seguridad de numerosas estaciones de esquí. Después de una nevada importante, los equipos especializados intervienen antes de la apertura para estabilizar determinados sectores y reducir el riesgo de desprendimientos incontrolados.
El desencadenamiento preventivo forma parte históricamente del oficio de determinados pisteros especializados, una realidad que I Love Ski ya había abordado en su entrevista con Hélène Zamora, directora de pistas y artificiera.
Sin embargo, existe una paradoja evidente: para reducir el peligro, los profesionales pueden tener que acercarse precisamente al lugar donde este se concentra. Mammoth Mountain quiere reducir esa exposición mediante una inversión de 5,7 millones de dólares en sistemas de control remoto de avalanchas (RACS). El proyecto contempla 16 nuevas instalaciones: 15 en Mammoth Mountain y una en la vecina June Mountain.

Según Alterra Mountain Company, propietaria de ambas estaciones, el proyecto lleva cerca de una década desarrollándose, entre estudios, pruebas, procedimientos regulatorios y trabajo conjunto con especialistas en avalanchas y fabricantes.
La inversión ilustra el interés histórico de las estaciones de esquí en conseguir que determinadas intervenciones puedan realizarse a distancia, reduciendo la necesidad de que los profesionales accedan físicamente a las zonas de mayor exposición.
La tecnología cambia el riesgo, no la responsabilidad del pister artificiero
La automatización del desencadenamiento preventivo no elimina al pistero artificiero de la ecuación. Lo que modifica es su grado de exposición durante una parte especialmente delicada de su trabajo.
Los equipos de pistas siguen teniendo que analizar todos los aspectos a tener en cuenta ante el riesgo de una avalancha. Entre otros, el manto nivoso, interpretar la meteorología y el transporte de nieve por el viento, identificar las zonas inestables y decidir cuándo intervenir y cuándo puede abrirse un sector.
«El sistema remoto ejecuta una acción; la evaluación del riesgo continúa siendo humana.»
Es una cuestión particularmente sensible durante los episodios de fuertes nevadas. En una entrevista publicada por I Love Ski en abril de 2026, David Ponson, director de la División Montaña y Dominios Esquiables de Compagnie des Alpes, explicaba hasta qué punto jornadas con riesgo de avalanchas 4/5 o incluso 5/5 tensionan la organización de una estación. Pisteros, responsables de explotación y otros equipos trabajan entonces bajo una doble exigencia: asegurar el dominio y hacerlo en condiciones meteorológicas que también incrementan su propia exposición al riesgo.
En este contexto, el interés de los sistemas remotos no reside en sustituir esa experiencia, sino en evitar que determinadas decisiones técnicas obliguen sistemáticamente a enviar a una persona hasta el punto de mayor peligro.
Del explosivo manual a los sistemas remotos
Los RACS que Mammoth está instalando forman parte de una evolución mucho más larga.En numerosas estaciones siguen utilizándose cargas explosivas transportadas y lanzadas por los propios equipos de pistas. En otros casos se emplean helicópteros para alcanzar corredores o pendientes de difícil acceso.
Con el tiempo han aparecido soluciones destinadas a aumentar la distancia entre el trabajador y el peligro: sistemas por cable como CATEX; dispositivos neumáticos como Avalancheur; instalaciones fijas como GAZEX y GAZFLEX, que generan una onda de presión mediante una explosión de gas; o torres Wyssen, capaces de liberar cargas sobre el manto desde instalaciones accionadas a distancia.
Y estos sistemas no cesan de implantarse en los dominios esquiables. Por ejemplo, MND, fabricante de GAZEX y GAZFLEX, afirma disponer de más de 2.600 instalaciones repartidas por una veintena de países.
La evolución continúa. En abril de 2026, MND presentó el O’BellX 1.8, un sistema desmontable controlado a distancia, capaz de realizar hasta 60 disparos antes de ser recargado y con un 40 % más de potencia que la versión anterior.
También la inteligencia artificial empieza a incorporarse a la monitorización. En Evolène, Suiza, dos radares Doppler de largo alcance utilizan un modelo basado en redes neuronales para mejorar la detección de avalanchas y reducir falsas alarmas, aportando información a los especialistas responsables de tomar las decisiones.
Cuando el control de avalanchas utiliza artillería
Uno de los ejemplos más singulares de esta búsqueda de distancia sigue siendo el empleo de tecnología militar. En Estados Unidos todavía se utilizan obuses para alcanzar zonas demasiado peligrosas para enviar trabajadores. El programa coordinado por el U.S. Forest Service mantiene artillería destinada al control preventivo de avalanchas en varias estaciones de esquí, entre ellas Mammoth Mountain. A continuación encontraréis un video de National Geographic en el que se muestra la utilización de cañones de guerra de la segunda guerra mundial para provocar avalanchas a 11 kilómetros de distancia.
Aunque pueda parecer una tecnología de otra época, responde al mismo principio que los sistemas remotos actuales: hacer llegar la energía hasta la zona inestable sin tener que enviar previamente hasta allí a una persona.
El dron abre una nueva vía en el desencadenamiento de avalanchas
La evolución más reciente llega por el aire, pero sin necesidad de exponer a una tripulación. Los drones ya han sido utilizados en Europa para transportar cargas destinadas al desencadenamiento preventivo. En 2026, sin embargo, esta tecnología dio un paso significativo en Estados Unidos: la FAA autorizó la operación de MONTIS, un sistema desarrollado específicamente para el control de avalanchas mediante drones.

MONTIS puede transportar dos cargas explosivas y depositarlas o detonarlas a diferentes alturas respecto al manto nivoso. Su sistema de ignición es electrónico y permite mantener el control de las cargas durante el vuelo.
“LO QUE PUEDE CAMBIAR ES QUIÉN O QUÉ ENTRA FÍSICAMENTE EN LA ZONA DE MAYOR EXPOSICIÓN.”
Otros países, como Austria y Noruega, han ensayado o utilizado igualmente drones para llevar explosivos hasta zonas de difícil acceso. Su principal interés consiste en combinar parte de la movilidad del helicóptero con la posibilidad de operar sin exponer a una tripulación aérea.
Pero tampoco existe una tecnología universal. El viento, la visibilidad, la capacidad de carga, la autonomía y las estrictas normas que regulan el transporte y utilización de explosivos siguen limitando su empleo. Un mismo dominio puede combinar cargas manuales, helicópteros, instalaciones fijas, sistemas por cable, drones o sistemas remotos en función de su relieve, accesibilidad y exposición.
Desde una carga transportada sobre esquís hasta un explosivo llevado por un dron, las herramientas han cambiado radicalmente. El conocimiento del terreno y la decisión siguen correspondiendo al especialista; lo que la tecnología intenta cambiar es quién debe acercarse físicamente al peligro.
































