El alpinista nepalí, protagonista del documental 14 Peaks: Nothing Is Impossible, ha fallecido tras ser alcanzado por una avalancha en el Broad Peak. Su muerte no solo despide a uno de los montañeros más célebres de su generación. También obliga a volver sobre una vida construida en los límites, sobre la fuerza colectiva del alpinismo nepalí y sobre una pregunta que la montaña nunca deja de plantear: ¿hasta dónde merece la pena llegar?
Hay documentales que se olvidan poco después de verlos. Y hay otros que dejan asociada para siempre una voz, una mirada o una manera de enfrentarse al mundo. En 14 Peaks: Nothing Is Impossible, Nirmal Purja no parecía limitarse a escalar montañas.
“Nims”, como era conocido internacionalmente, hablaba de lo imposible como si fuera una opinión equivocada. Frente a una expedición que habría ocupado buena parte de la vida de cualquier alpinista, él planteó un calendario casi inconcebible: alcanzar las cumbres de los catorce ochomiles del planeta en siete meses.
«NIMS Consiguió alcanzar las cumbres de los catorce ochomiles del planeta en 2019 en seis meses y seis días.
El 30 de julio de 2026, siete años después de aquella hazaña, la montaña interrumpió definitivamente su carrera. Purja falleció en el Broad Peak, en el Karakórum pakistaní, después de que una avalancha alcanzara a su expedición en altura. Tenía 43 años.
Su equipo confirmó posteriormente su muerte, junto a la de los demás alpinistas afectados por el accidente, mientras las condiciones meteorológicas y la altitud dificultaban las operaciones de recuperación. La avalancha se produjo en torno a los 6.600 metros, en una zona situada por encima del Campo 2.
El hombre que se atrevió a poner fecha a un sueño imposible
Antes de Nirmal Purja, el récord para completar los catorce ochomiles estaba medido en años. Él lo convirtió en meses.
Su proyecto recibió un nombre deliberadamente sencillo: Project Possible. El objetivo consistía en ascender, entre la primavera y el otoño de 2019, las catorce montañas de más de 8.000 metros existentes en el mundo.
Annapurna, Dhaulagiri, Kanchenjunga, Everest, Lhotse, Makalu, Nanga Parbat, Gasherbrum I, Gasherbrum II, K2, Broad Peak, Cho Oyu, Manaslu y Shishapangma.
Una lista que, incluso escrita sobre el papel, produce vértigo. El documental de Netflix, estrenado en 2021, sigue aquella carrera contra el tiempo. Pero reducir 14 Peaks a una sucesión de récords sería no haber entendido su verdadera fuerza. La película no trata únicamente de alguien que sube deprisa. Habla de voluntad, de identidad, de reconocimiento y, sobre todo, de equipo. Netflix presenta la producción como el relato de una búsqueda aparentemente imposible: ascender las catorce montañas más altas del mundo en menos de siete meses.
Purja aparece ante la cámara como un hombre exuberante, seguro de sí mismo, en ocasiones temerario y siempre convencido de que la mente abandona mucho antes que el cuerpo. Pero detrás de esa figura carismática aparecen otros rostros: Mingma David Sherpa, Geljen Sherpa, Lakpa Dendi Sherpa, Gesman Tamang y el resto de los montañeros nepalíes que hicieron posible el proyecto. El récord llevaba el nombre de Nims, pero había sido construido por una cordada. Esa era una de sus grandes reivindicaciones.
Dar un rostro al alpinismo nepalí
Durante décadas, buena parte del relato occidental del Himalaya presentó a los sherpas y a los trabajadores de altura como personajes secundarios. Preparaban las rutas, instalaban las cuerdas, transportaban las cargas y asumían una parte fundamental del riesgo, pero rara vez ocupaban el centro de la narración. Nirmal Purja quiso cambiar esa jerarquía.
No ocultaba su ambición personal, pero tampoco dejaba pasar la oportunidad de reivindicar la capacidad de los alpinistas nepalíes. En 14 Peaks, la montaña no aparece conquistada por un héroe solitario, sino por un grupo de profesionales extraordinariamente preparados que avanzan, celebran, sufren y se protegen mutuamente.
Aquella reivindicación alcanzó otro momento histórico en enero de 2021, cuando un equipo formado íntegramente por alpinistas nepalíes logró la primera ascensión invernal del K2, la última gran cumbre de 8.000 metros que todavía no había sido escalada durante el invierno.
Los diez montañeros esperaron a pocos metros de la cima y entraron juntos en ella, cantando el himno de Nepal. La imagen era mucho más que una fotografía de cumbre: representaba la recuperación de un protagonismo que durante demasiado tiempo había quedado fuera del encuadre. Purja formaba parte de aquel equipo. Ascendió sin oxígeno suplementario.
La escena que explicaba quién era Nims
Quizá los momentos más reveladores de 14 Peaks no sean las imágenes de las cumbres.
Uno de ellos aparece lejos de la nieve, cuando Purja habla de su madre, gravemente enferma durante el desarrollo del proyecto. Había abandonado una carrera militar estable y había hipotecado su casa para financiar un sueño que muchos consideraban absurdo. Sabía que podía perderlo todo y que su madre podía morir mientras él permanecía en la montaña.
La llamada desde la cima del Shishapangma, la última de las catorce cumbres, concentra buena parte de la emoción del documental. Nims le comunica que lo han conseguido. Por un instante, el récord deja de ser una cifra. Es simplemente un hijo explicándole a su madre que ha terminado aquello por lo que tanto había arriesgado.
Esa vulnerabilidad contrastaba con el personaje indestructible que proyectaba en la montaña. Porque Purja era también el hombre de las frases rotundas, de las celebraciones en altura y de una confianza que parecía no admitir fisuras. Había servido en los Gurkhas y posteriormente en el Special Boat Service, una unidad de las fuerzas especiales británicas. Su preparación física y mental procedía de un mundo en el que el miedo debía ser gestionado y la misión debía continuar. Sin embargo, en el documental se percibe que la verdadera fuerza de Nims no residía en la ausencia de miedo. Consistía en no permitir que ese miedo decidiera por él.
También se detenía para ayudar
La velocidad de Project Possible pudo transmitir la imagen de una carrera obsesionada con el cronómetro. Sin embargo, la expedición estuvo marcada igualmente por operaciones de rescate y por decisiones que hicieron peligrar el propio calendario.
Después de alcanzar el Annapurna, Purja participó en el rescate del alpinista malasio Wui Kin Chin. En el Kanchenjunga, él y sus compañeros entregaron oxígeno e intentaron ayudar durante horas a montañeros que se encontraban en dificultades extremas.
No todas aquellas intervenciones tuvieron un desenlace feliz. El documental muestra una verdad que los titulares sobre récords tienden a simplificar: en la zona de la muerte, ayudar a otra persona puede significar renunciar a la propia cumbre, perder una ventana meteorológica o comprometer la supervivencia de toda una cordada.
Nims comprendía la montaña como un espacio de rendimiento extremo, pero también como un lugar donde nadie debería dejar de ser humano.
El Broad Peak, una montaña que ya formaba parte de su historia
El Broad Peak se eleva hasta los 8.051 metros en el macizo del Karakórum, cerca del K2 y frente a los Gasherbrum. Es la duodécima montaña más alta del planeta.
Purja ya la había ascendido durante Project Possible. En julio de 2019 encadenó el Gasherbrum I, el Gasherbrum II, el K2 y el propio Broad Peak en poco más de tres semanas, completando así la fase pakistaní de su desafío.
En 2026 había regresado a una montaña que conocía, dentro de una nueva etapa de su carrera centrada en repetir los grandes ochomiles bajo condiciones más exigentes y sin depender del oxígeno suplementario.
Pero conocer una montaña nunca significa controlarla. La avalancha que alcanzó al grupo se produjo después de un periodo de meteorología inestable y fuertes nevadas. Las autoridades paquistaníes desplegaron helicópteros y equipos de rescate, aunque la altitud, el viento y las malas condiciones redujeron las posibilidades de encontrar supervivientes.
La noticia generó una enorme conmoción porque Nims parecía pertenecer a esa reducida categoría de personas a las que resulta difícil imaginar detenidas. Había sobrevivido a caídas, agotamientos, rescates, tormentas, edemas y jornadas interminables por encima de los 8.000 metros. Su presencia transmitía la impresión, seguramente equivocada, de que siempre encontraría una reserva más de energía.
Cuando “nada es imposible” deja de ser un eslogan
Después de su muerte, el título del documental adquiere un significado distinto.
Nothing Is Impossible fue la idea que impulsó toda su vida pública. Permitió que miles de personas, muchas de ellas ajenas al alpinismo, descubrieran los ochomiles y se preguntaran por sus propios límites. Era un mensaje poderoso porque no hablaba únicamente de montañas. Hablaba de enfrentarse a los prejuicios, de defender una visión cuando nadie más cree en ella y de avanzar cuando el objetivo parece desproporcionado.
Pero la montaña introduce un matiz que ninguna frase motivacional debería borrar. No todo es posible siempre. Existen límites físicos, meteorológicos y humanos. Hay decisiones irreversibles. Hay días en los que la preparación, la experiencia y la fuerza mental no bastan. La avalancha no distingue entre principiantes y leyendas; no conoce los récords de quienes encuentra a su paso.
La muerte de Purja no invalida su mensaje. Lo vuelve más profundo. Quizá lo que Nims quiso demostrar no era que el ser humano pudiera vencer cualquier obstáculo, sino que muchas de las fronteras que aceptamos están construidas por el miedo, la desigualdad o la mirada de los demás.
Nirmal Purja vivió como escalaba: deprisa, intensamente y sin pedir permiso para imaginar algo más grande.
La montaña terminó imponiendo su última palabra. Pero durante algunos años, Nims consiguió que el mundo entero escuchara la suya.
































