Nacido y criado en Alta Badia, Roberto Huber pertenece a esa generación de profesionales que ha decidido poner los conocimientos adquiridos en otros lugares al servicio de su territorio. Tras cursar estudios de Economía y Finanzas en la Universidad de Bolonia y acumular diversas experiencias en la organización de grandes eventos internacionales, entre ellos la Copa del Mundo de esquí y la Maratona dles Dolomites, ha trabajado en el sector de la comunicación en Bolzano, coordinando estrategias y campañas para importantes marcas.

Sin embargo, la llamada de sus montañas pronto se convirtió en un nuevo proyecto profesional. Tras regresar a Alta Badia para asumir la dirección de la entonces Asociación Turística de Badia, Huber contribuyó posteriormente a la creación de Alta Badia Brand, la empresa que desde 2018 define y coordina la estrategia de marketing y posicionamiento del destino y de la que es director desde su fundación.

Su trayectoria refleja una forma concreta de entender la gestión de destinos: no como una simple actividad de promoción turística, sino como un trabajo colectivo basado en la identidad, en la calidad de la acogida, en la colaboración entre los operadores y en la responsabilidad hacia el territorio. En un destino conocido a nivel internacional por el esquí, el ciclismo, la alta gastronomía y el excepcional patrimonio natural de los Dolomitas, el reto no consiste solo en atraer a nuevos visitantes, sino en construir un modelo capaz de preservar aquello que hace que Alta Badia sea única.

En esta entrevista, Roberto Huber repasa las etapas de su carrera, habla del profundo vínculo que le une a la tierra en la que nació y comparte una visión de la montaña especialmente lúcida y contemporánea. Una montaña que debe saber elegir en qué quiere convertirse, conservar sus raíces y volver a situar en el centro el silencio, el tiempo y la relación con la naturaleza. Porque, como subraya Huber, el verdadero éxito de un destino no se mide únicamente por el número de personas que es capaz de acoger, sino por su capacidad para hacerles comprender el valor y la fragilidad de los lugares que están visitando.

¿Podrías contarnos algo sobre tu trayectoria personal y profesional?

Nací en Bressanone en 1980 y siempre he vivido en Alta Badia. Aquí cursé el bachillerato científico y, posteriormente, estudié Economía y Finanzas en la Universidad de Bolonia. Tras graduarme, trabajé en los comités organizadores de nuestros eventos internacionales, la Copa del Mundo de esquí y la Maratona dles Dolomites, la carrera ciclista de larga distancia más codiciada del mundo.

Posteriormente, me mudé a Bolzano para trabajar en una agencia de comunicación, donde coordiné estrategias y campañas para marcas importantes.

Tras tres años en la capital del Tirol del Sur, recibí una llamada inesperada: el presidente de la entonces Asociación de Turismo de Badia me propuso asumir la dirección de la entidad. Me di cuenta de que era el momento adecuado para volver a casa.

De esa experiencia surgió Alta Badia Brand, la empresa que hoy se encarga de la estrategia y las actividades de marketing del destino y que tengo el placer y el honor de dirigir desde su fundación en 2018. Estoy muy orgulloso de mi trayectoria porque me ha permitido enfrentarme a realidades diferentes y, al mismo tiempo, hacer realidad el sueño de volver a casa para poner en práctica todo lo que he aprendido.

¿Cuáles son tus aficiones?

Quien nace y vive en las Dolomitas no puede sino desarrollar una profunda pasión por la naturaleza y las actividades al aire libre. Personalmente, me encanta el ciclismo de carretera, el senderismo en verano y el esquí, tanto alpino como de montaña, en invierno.


Además del deporte, soy un apasionado de la belleza en todas sus formas, tanto en las experiencias como en los objetos. Me encanta la buena comida y los vinos de calidad; junto con mi pareja, hemos creado una cuenta de Instagram, @me.no.ma.le, donde hablamos de restaurantes, lugares y experiencias que merecen ser descubiertos.

También soy un gran aficionado a la lectura, sin limitarme a ningún género en concreto. En general, soy una persona curiosa, a la que le cuesta mucho estar quieta. Siempre necesito nuevos estímulos, nuevos retos y nuevos conocimientos.

Mi mayor temor es dejar que la vida pase sin aprovechar al máximo las oportunidades y los momentos que la hacen digna de ser vivida.

¿Cuáles son tus motivaciones?

Trabajar para el lugar donde uno ha nacido es, en sí mismo, una motivación extraordinaria. Cada día tengo la oportunidad de contribuir a la puesta en valor de este territorio y de trabajar para que siga siendo un ejemplo de calidad, sinceridad y eficiencia.

Creo que quienes trabajamos en el sector de la hostelería tenemos una suerte enorme. Entramos en contacto con la gente en el momento más bonito del año: las vacaciones. Acogemos a huéspedes que, a menudo, llevan meses soñando y planificando esos días, a veces incluso todo un año.

Por lo tanto, tenemos una gran responsabilidad: convertir esa espera en un recuerdo que perdure en el tiempo. Saber que puedo contribuir a crear momentos que las personas llevarán consigo para siempre es una motivación que nunca deja de impulsarme a hacerlo mejor.

¿Cuál es tu mayor satisfacción?

Para quienes, como yo, tienen el privilegio de dirigir una entidad turística, la mayor satisfacción
personal es la estima y el reconocimiento de los profesionales del sector en la zona. Alta Badia cuenta con unos 800 profesionales en los distintos ámbitos turísticos; sentir su apoyo, intercambiar opiniones a diario y crear valor juntos compensa todos los esfuerzos.


Desde el punto de vista profesional, me siento especialmente orgulloso de haber contribuido al nacimiento y al desarrollo de Alta Badia Brand. En 2018, este proyecto constituyó un modelo innovador para muchos destinos, convirtiéndose en un ejemplo de profesionalidad, eficacia y colaboración entre las partes interesadas.

Ha sido un proceso complejo, marcado por obstáculos, dudas y resistencias iniciales, pero hoy en día se reconoce como un caso de éxito en gestión de destinos. Ver los resultados concretos es una gran satisfacción.

¿Cuál es tu mayor arrepentimiento (o de qué te arrepientes)?

No tengo muchos remordimientos. He tenido la oportunidad de construir la trayectoria profesional que
deseaba y hoy puedo contar con la confianza y el apoyo de personas a las que aprecio
profundamente. Ha habido proyectos que no se han llevado a cabo e ideas que quizá llegaron en el momento equivocado, pero considero que todo esto forma parte del camino.

Cada experiencia, incluso aquella que aparentemente no conduce al resultado esperado, constituye un valioso bagaje del que aprender. En lugar de lamentarme, prefiero pensar en las oportunidades futuras y en cómo aprovechar la experiencia acumulada para afrontarlas con mayor conciencia.

Si tuvieras una lista con tres deseos relacionados con la montaña, ¿cuáles serían?

Creo que la montaña reúne todas las características para convertirse en la forma de vacaciones más
actual y deseable del futuro. Para lograrlo, sin embargo, debe tener el valor de elegir con claridad qué quiere ser y, sobre todo, qué no quiere ser.

Mi primer deseo es una montaña respetada, incluso antes que vivida. Un lugar en el que quien llega comprenda de inmediato el valor y la fragilidad del entorno que lo acoge.
El segundo es una montaña capaz de conservar sus raíces, su identidad y ese fuerte sentido de comunidad que siempre la ha caracterizado.

La tercera es una montaña en la que el silencio, el tiempo y la relación con la naturaleza vuelvan a desempeñar un papel central. Hoy en día, con demasiada frecuencia, la montaña corre el riesgo de ser considerada un mero escenario en el que vivir experiencias o hacer fotografías. Me gustaría que volviera a ser la protagonista de la narración, y no el telón de fondo.

¿Cómo ves tu futuro?

Espero poder seguir desarrollando, junto con las personas que viven y trabajan en Alta Badia, la visión que hemos construido para el futuro de este territorio.
Tenemos objetivos claros, valores compartidos y una fuerte cohesión. Espero poder continuar este camino con la misma pasión y motivación que me acompañan hoy.

Mi deseo es seguir acogiendo a personas de todo el mundo, pero hacerlo de forma consciente. Me gustaría que quienes visitan estos lugares no se llevaran solo fotografías, sino una comprensión más profunda de la montaña, de su valor y de la responsabilidad que todos tenemos de preservarla.

Porque el verdadero éxito no consiste en atraer al mayor número posible de personas, sino en conseguir que quienes llegan deseen dejar estos lugares exactamente tal y como los encontraron.