Hay lugares a los que uno llega con expectativas y otros que consiguen sorprender incluso cuando ya los conoce. El Balneario de Panticosa pertenece a esta segunda categoría.
Situado a 1.636 metros de altitud, en pleno corazón del Valle de Tena y rodeado por algunas de las montañas más espectaculares del Pirineo aragonés, el Balneario es uno de esos destinos capaces de desconectar al visitante desde el mismo momento en que atraviesa la carretera que conduce hasta el complejo.
Recientemente tuvimos la oportunidad de regresar al Balneario de Panticosa para conocer de primera mano las novedades de la temporada primavera-verano 2026 y descubrir cómo evoluciona uno de los complejos termales más emblemáticos de España.
Un Balneario que sigue reinventándose
Durante nuestra estancia pudimos compartir varios momentos con el nuevo director del Balneario, Rafael Jiménez, su subdirector Moisés y otros responsables del complejo, quienes nos trasladaron la apuesta que están realizando para reforzar la experiencia del cliente a través de la gastronomía, el bienestar y las actividades en plena naturaleza.

La sensación que transmite actualmente el Balneario es la de un destino que mantiene intacta su esencia histórica pero que sigue evolucionando para adaptarse a las nuevas demandas de los viajeros.
Las mejoras introducidas esta temporada afectan tanto a las instalaciones hoteleras como a la oferta gastronómica y termal, consolidando una propuesta muy completa para quienes buscan una escapada de montaña más allá del esquí.
Gastronomía de altura con Rubén Pertusa
Uno de los momentos más destacados del viaje fue conocer personalmente al chef ejecutivo Rubén Pertusa, responsable de la nueva propuesta gastronómica del complejo.
Nuestra primera toma de contacto tuvo lugar en La Fontana, el restaurante italiano del Balneario, donde disfrutamos de una cena informal en un ambiente relajado ideal para comenzar la estancia.
Sin embargo, la gran sorpresa llegó al día siguiente durante la cena de gala celebrada en el Restaurante El Lago.

El restaurante reabre esta temporada con un nuevo menú degustación diseñado por Rubén Pertusa, una propuesta que busca poner en valor el producto local y la cocina de autor sin perder el vínculo con el entorno pirenaico.
Más allá de la calidad de los platos, que es sobresaliente, destaca la experiencia global: el entorno, el servicio y las vistas convierten la cena en uno de los momentos imprescindibles de cualquier estancia en el Balneario.
La apuesta gastronómica se completa además con la renovación de las cartas de La Brasserie, La Fontana, el Bar El QBO y la incorporación de El Embarcadero, un nuevo espacio gastronómico situado junto al Ibón de Baños.
Naturaleza y diversión en el Valle de Tena
El viaje también nos permitió descubrir algunas de las actividades más interesantes que pueden realizarse durante los meses de primavera y verano.
La primera parada fue el Tren de Alta Montaña de Tramacastilla, una forma cómoda y muy atractiva de acercarse a algunos de los paisajes más espectaculares del valle.
Descubriendo el Ibón de las Paules a bordo del Tren de Tramacastilla
La mañana comenzó en Tramacastilla de Tena, donde nos esperaba una de las actividades más originales y aptas para todos los públicos que pueden realizarse en el Valle de Tena durante los meses de primavera y verano: el Tren de Alta Montaña de Tramacastilla.
Lejos de ser un simple transporte turístico, la experiencia permite adentrarse en zonas de montaña que de otra manera requerirían una larga caminata. El recorrido discurre por pistas de alta montaña hasta alcanzar el Ibón de las Paules, uno de los lagos de montaña más bonitos y menos conocidos del valle.

Durante los aproximadamente 50 minutos de trayecto, el paisaje cambia constantemente entre bosques, pastos de altura y espectaculares panorámicas sobre las cumbres pirenaicas. Además, una audioguía va explicando curiosidades, historias y leyendas de la zona, aportando un interesante componente cultural al recorrido. Un detalle, si quieres escuchar bien la audioguía y tener menos ruido del vehículo tractor, evita ponerte en el primer vagón.

Una vez en el ibón, pudimos pasear tranquilamente por sus alrededores y disfrutar de las vistas de este rincón privilegiado del Pirineo aragonés. La tranquilidad del lugar, alejado de las zonas más concurridas, convierte la visita en una experiencia especialmente recomendable para familias, fotógrafos y amantes de la naturaleza.
Perderse entre 4.000 cipreses en el Laberinto de los Pirineos
Nuestra siguiente parada nos llevó hasta Piedrafita de Jaca, donde descubrimos una propuesta original del Valle de Tena: el Laberinto de los Pirineos.
Ubicado a los pies de la impresionante Peña Telera, que bien merecería estar entre las montañas más bonitas del mundo, el laberinto está formado por más de 4.000 cipreses que crean un entramado de caminos, cruces y callejones que ocupan cerca de 5.000 metros cuadrados. Lo que sobre el papel puede parecer una actividad sencilla acaba convirtiéndose en una experiencia muy divertida, especialmente cuando uno intenta orientarse y encuentra más bifurcaciones de las que esperaba.

Reconozco que llegamos pensando que sería una actividad principalmente orientada a familias, pero nos equivocábamos. Desde el primer momento se despierta ese espíritu competitivo de querer encontrar la salida lo antes posible, aunque pronto descubres que lo mejor es olvidarse de las prisas y disfrutar del recorrido.
Más allá del propio laberinto, uno de los aspectos que más nos gustó fue su ubicación. Las vistas sobre el Valle de Tena y el entorno de Peña Telera convierten la visita en una excusa perfecta para pasar una mañana diferente rodeados de naturaleza. El conjunto transmite una sensación de tranquilidad que contrasta con la emoción de intentar encontrar el camino correcto entre los pasillos vegetales.
La actividad resulta ideal para familias con niños, grupos de amigos o parejas que buscan algo distinto durante una estancia en el Pirineo.
Al día siguiente recorrimos parte de la Ruta de los Miradores y los alrededores de El Pueyo de Jaca, disfrutando de algunos de los mejores balcones naturales del Valle de Tena.
La Ruta de los Miradores: las mejores vistas del Valle de Tena sin grandes esfuerzos
Durante nuestra estancia también tuvimos la oportunidad de recorrer parte de la Ruta de los Miradores, uno de esos paseos que demuestran que no siempre es necesario afrontar largas caminatas para disfrutar de algunos de los mejores paisajes del Pirineo.
La ruta conecta Panticosa con El Pueyo de Jaca a través de varios miradores estratégicamente situados sobre una pequeña elevación que domina gran parte del Valle de Tena. El recorrido es sencillo, con apenas 190 metros de desnivel y una duración aproximada de una hora y media, por lo que resulta accesible para la mayoría de los visitantes.
A medida que avanzábamos por el sendero iban apareciendo distintos balcones naturales con vistas espectaculares sobre Panticosa, el embalse de Búbal, Peña Telera, la Sierra de la Partacua y algunas de las montañas más emblemáticas de la zona. Cada parada invitaba a detenerse unos minutos para contemplar el paisaje y tomar fotografías como la que verás a continuación.

Uno de los puntos que más nos sorprendió fue el Mirador de Santa María, situado en la parte más elevada de la ruta. Desde allí se obtiene una panorámica prácticamente de 360 grados sobre el valle y dos mesas interpretativas permiten identificar fácilmente las cumbres y lugares más destacados que se observan desde este privilegiado observatorio natural.
La ruta tiene además un interesante componente histórico. Durante el recorrido se conservan varios búnkeres pertenecientes a la conocida como Línea P, una red defensiva construida en los Pirineos tras la Guerra Civil Española. Estos elementos aportan un valor añadido a un paseo que combina naturaleza, patrimonio y algunas de las mejores vistas del entorno de Panticosa.
También tuvimos ocasión de conocer el avance de las obras del futuro tobogán de montaña de Panticosa, una infraestructura que promete convertirse en uno de los grandes atractivos turísticos de la zona durante los próximos años y que esperamos probar el próximo invierno.
Ascenso a los Ibones de Ordicuso: una de las rutas más espectaculares desde el Balneario de Panticosa
Uno de los momentos más intensos de nuestra estancia fue el ascenso a los Ibones de Ordicuso, también conocidos como los Ibones de las Ranas. Se trata de una ruta de montaña algo exigente, con aproximadamente 450 metros de desnivel positivo en apenas 5 kilómetros de recorrido, que parte desde las inmediaciones del Balneario de Panticosa y asciende hasta un espectacular conjunto de ibones de origen glaciar. Es un lugar espléndido, no solo por ser reserva de la biosfera Ordesa-Viñamala sino por que allí encontraremos una Zona de Especial Conservación como las Turberas del Macizo de los Infiernos y algunas marmotas que silban al vernos llegar.

El ascenso es pronunciado desde el principio, pero l esfuerzo, sin embargo, se ve recompensado desde los primeros metros. A medida que se gana altura (la primera parte es la más exigente), las vistas sobre el Balneario, el valle y las montañas que lo rodean son cada vez más impresionantes. Al alcanzar los ibones, el paisaje se transforma en un escenario de alta montaña donde el silencio, el agua cristalina y la sensación de aislamiento crean una experiencia difícil de olvidar. Además, como este invierno 2025-2026 ha sido generosos en precipitaciones, en la última parte del ascenso encontramos bastante nieve lo que multiplicaba la belleza del lugar. Nosotros Para los amantes del senderismo, es una de esas excursiones que justifican por sí solas una visita al Balneario de Panticosa y que permiten descubrir una de las caras más auténticas y salvajes del Pirineo aragonés.
Tiempo para el bienestar
Y después de tantas actividades, nada como un momento de relax en las aguas termales del Balneario de Panticosa. Durante nuestra estancia pudimos disfrutar de las instalaciones de las Termas de Tiberio, el corazón wellness del complejo.
La experiencia sigue siendo uno de los grandes argumentos para visitar el Balneario. A ello se suman las mejoras introducidas esta temporada, entre ellas nuevas zonas de relax interiores y exteriores y la reapertura del gimnasio, que cuenta con más de 500 metros cuadrados dedicados al bienestar físico.
Después de una jornada de actividades al aire libre, pocas experiencias resultan tan agradables como sumergirse en las aguas termales mientras se contemplan las montañas que rodean el complejo.
Mucho más que un destino de invierno
Aunque muchos aficionados al esquí conocen el Balneario por su proximidad a las estaciones de Formigal y Panticosa, nuestra visita volvió a demostrar que el complejo tiene argumentos más que suficientes para convertirse también en uno de los grandes destinos de verano del Pirineo.
Senderismo, rutas familiares, gastronomía, termalismo, actividades culturales y un entorno natural privilegiado convierten al Balneario de Panticosa en una propuesta perfecta para quienes buscan desconectar durante unos días sin necesidad de renunciar al confort.
Tras esta nueva visita nos quedó una sensación muy clara: el Balneario de Panticosa sigue siendo uno de esos lugares capaces de combinar historia, naturaleza y bienestar de una forma difícil de encontrar en otros destinos de montaña.
































