Por primera vez en la historia, un hombre ha descendido en esquís desde la cima del Everest hasta el campo base, sin apartarse de los esquís ni utilizar oxígeno suplementario. El protagonista: el polaco Andrzej Bargiel, uno de los grandes nombres del alpinismo moderno.

Bajar esquiando el Everest sin oxígeno: la conquista de lo imposible

El 22 y 23 de septiembre de 2025 quedará grabado en los anales del alpinismo. El primer día Andrzej Bargiel alcanzó la cumbre del Everest (8.849 m), una de las montañas más bonitas del mundo, tras una ascensión sin oxígeno suplementario y emprendió un descenso íntegro en esquís hasta el campo base. Ningún alpinista había logrado antes encadenar estos dos hitos de manera tan limpia: cima sin oxígeno y bajada integral sin retirar los esquís ni recurrir a cuerdas fijas.

«Más de 6000 personas han escalado el Everest, pero menos de 200 lo han hecho sin oxígeno suplementario»

Conviene recordar que antes de la gesta de Bargiel, el esloveno Davorin Karničar ya había pasado a la historia como el primer hombre en descender el Everest con esquís en el año 2000, aunque utilizando oxígeno suplementario.

El polaco de 37 años, ya conocido por su histórico descenso del K2 en 2018, volvió a traspasar los límites del esquí extremo en altura. Su línea desde la cima del mundo hasta los 5.300 metros del glaciar del Khumbu representa un hito sin precedentes en el Himalaya.

Un alpinista forjado en la montaña

En palabras de Reinhold Messner, pionero de los ochomiles sin oxígeno, “cada generación debe encontrar su propio Everest” y todo apunta a que Bargiel lo encontró en los esquís. Nacido en 1988 en Łętownia, una aldea polaca a los pies de los montes Beskides y noveno de once hermanos, creció trepando árboles, pedaleando y esquiando en laderas cercanas a su casa. Su carrera lo llevó primero al esquí de montaña competitivo, donde fue campeón de Polonia, antes de lanzarse a la alta montaña con un enfoque propio: rápido, ligero y con esquís en los pies. En 2013 fundó el proyecto Hic Sunt Leones, inspirado en las antiguas inscripciones de los mapas medievales que marcaban las tierras inexploradas. El lema: aventurarse en lo desconocido y demostrar que incluso en los ochomiles quedaban desafíos por escribir.

© Bartłomiej Bargiel/Red Bull Content Pool
© Bartłomiej Bargiel/Red Bull Content Pool

Antes de enfrentarse al Everest, Andrzej Bargiel ya había demostrado ser un pionero capaz de desafiar lo establecido en el esquí de altura. En 2013 firmó el descenso integral de la cima central del Shishapangma, su primer ochomil esquiado. Un año más tarde, en el Manaslu (2014), estableció un récord de velocidad al alcanzar la cumbre en 14 horas y descender hasta el campo base en poco más de 21 horas, todo en una sola jornada.

En 2015, Bargiel completó la primera ascensión y posterior descenso en esquís del Broad Peak, consolidando su reputación como innovador del esquí extremo. Su consagración llegó en el K2 (2018), donde logró el primer descenso íntegro con esquís de la segunda montaña más alta del planeta, un hito considerado imposible durante décadas por la complejidad de su terreno. Finalmente, en 2023, sumó los Gasherbrum I y II, completando así la serie de descensos en esquís de los gigantes del Karakórum.

Ascensión sin oxígeno: 16 horas en la “zona de la muerte”

No fue un triunfo inmediato. En 2019, Bargiel se vio obligado a abandonar por el riesgo de un serac inestable en la ruta. En 2022, los vientos huracanados lo obligaron a desistir. El éxito de 2025 fue el fruto de años de preparación, paciencia y lectura de las condiciones.

La expedición contó con un equipo multidisciplinar: sherpas experimentados, un médico, un fisioterapeuta, un fotógrafo y su hermano Bartek como operador de drones, cruciales para guiar la travesía por la peligrosa cascada de hielo del Khumbu.

La madrugada del 22 de septiembre, Bargiel partió del Campamento IV, en el Collado Sur (7.900 m). El ascenso resultó más duro de lo previsto: nieve profunda y mal tiempo alargaron el esfuerzo a 16 horas. Finalmente alcanzó la cima hacia las 15:00 horas, exhausto pero decidido a iniciar de inmediato el descenso. “No había margen para dudar. Tenía que empezar a esquiar cuanto antes”, confesó a su equipo.

Desde la misma cumbre, Bargiel se calzó los esquís y afrontó uno de los tramos más delicados: el Escalón Hillary y la Cumbre Sur. Luego atravesó el Balcón, regresó al Collado Sur y continuó por las empinadas pendientes hacia el Campo II (6.400 m), donde descansó brevemente durante la noche.

El amanecer lo encontró en la entrada de la cascada de hielo del Khumbu, el tramo más peligroso de la ruta: grietas móviles, bloques inestables y un terreno en perpetuo cambio. Gracias al apoyo visual del dron de su hermano, logró encontrar un corredor seguro y descendió sin quitarse los esquís, una proeza que pocos expertos creían posible.

© Bartłomiej Bargiel/Red Bull Content Pool
Descenso de la cascada de hielo Khumbu © Bartłomiej Bargiel/Red Bull Content Pool

Tenemos que destacar que la cascada de hielo del Khumbu es uno de los puntos más temidos de la ruta sur del Everest. Un laberinto de grietas abiertas, bloques inestables de hielo del tamaño de edificios y torres de seracs que se derrumban sin previo aviso convierten este tramo en un terreno considerado prácticamente inesquiable. Cada temporada, incluso los alpinistas que la atraviesan a pie lo hacen con gran riesgo, asegurados por escaleras y cuerdas fijas instaladas por los sherpas. Que Bargiel consiguiera deslizarse por este caos de hielo sin quitarse los esquís, guiado únicamente por su instinto y las imágenes de un dron pilotado por su hermano, resulta casi incomprensible incluso para los expertos en alpinismo. Su línea por la cascada no es solo un ejercicio de técnica extrema, sino una audacia que roza lo inhumano

Según el comunicado de Red Bull, a las 8:45 de la mañana del 23 de septiembre llegó al campo base, completando así el primer descenso integral del Everest en esquís sin oxígeno suplementario.