Urs Lehmann, hasta ahora presidente de Swiss-Ski, ha sido designado como primer CEO en la historia de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS), un cargo inédito que marca un punto de inflexión en la gobernanza del organismo. Con este nombramiento, el dirigente suizo consolida su transición de líder del esquí nacional a figura clave en el ámbito internacional, respaldado por una sólida trayectoria deportiva, académica y empresarial.
Vinculado al esquí desde su juventud, Lehmann se coronó campeón mundial de descenso en Morioka 1993 y compitió en la Copa del Mundo hasta 1997, acumulando una valiosa experiencia en la élite. Su formación académica es igualmente destacable: doctor en Economía por la Universidad de Zúrich (2009), complementó sus estudios en la Universidad de San Galo y en el prestigioso INSEAD, lo que le abrió las puertas a la dirección general de la compañía farmacéutica Similasan, cargo que ejerció entre 2009 y 2024 antes de asumir la presidencia de su consejo de administración.
Paralelamente, nunca se desvinculó del deporte que marcó su vida. Integró el Presidium de Swiss-Ski en 2006 y, dos años más tarde, asumió la presidencia. Bajo su liderazgo, la federación experimentó un notable crecimiento estructural, deportivo y económico. Desde que asumió la presidencia en 2008, el presupuesto de Swiss Ski se ha cuadruplicado acercándose a los 100 millones de francos suizos al año por temporada. Desde 2024 comparte la presidencia con Peter Barandun, reforzando la gestión y estabilidad de la entidad. Esta combinación de visión empresarial, experiencia internacional y profundo conocimiento del esquí le confiere un perfil único para dirigir la FIS en un momento clave de su evolución.
Motivaciones y expectativas del nombramiento
La llegada de Urs Lehmann a la dirección ejecutiva de la FIS supone un hito sin precedentes: es la primera vez que la federación incorpora la figura de un CEO, un movimiento que refleja la voluntad de dotar al organismo de una estructura de gestión más profesional, ágil y estratégica. El objetivo es claro: reforzar la capacidad de decisión, optimizar procesos y responder con mayor rapidez a los retos que plantea la evolución del deporte y de la industria de la nieve.
Lehmann ha manifestado su intención de desempeñar el papel de “constructor de puentes”, fomentando una colaboración más fluida y eficaz entre todas las instancias de la federación: desde la presidencia, encabezada por Johan Eliasch, y la secretaría general, dirigida por Michel Vion, hasta los equipos internos y las federaciones miembro repartidas por todo el mundo. Este enfoque busca no solo cohesionar a la familia del esquí, sino también proyectar una imagen de unidad y visión compartida.
El nuevo CEO asumirá oficialmente sus funciones al concluir las Technical Committee Autumn Meetings, previstas entre el 23 y el 27 de septiembre, un momento estratégico que le permitirá iniciar su mandato con un contacto directo con los principales comités técnicos y deportivos de la federación.
Impacto esperado y responsabilidades dejadas en Suiza
El nombramiento de Urs Lehmann como CEO de la FIS llega en un momento decisivo para el esquí y el snowboard internacionales. Su perfil, que combina visión empresarial, experiencia en la alta competición y una sólida trayectoria de gestión federativa, anticipa una nueva etapa de modernización para la federación. Se espera que su liderazgo impulse mayor profesionalización en la gobernanza, mejore la transparencia y acelere proyectos clave como la digitalización de contenidos, la optimización de los calendarios y la captación de nuevos públicos y patrocinadores.
En paralelo, Suiza se enfrenta a un cambio de ciclo en Swiss-Ski. Tras más de tres lustros de presidencia, Lehmann deja una federación fortalecida, con estructuras sólidas y resultados deportivos de alto nivel. Durante la etapa de transición, continuará compartiendo la presidencia con Peter Barandun hasta la reunión del Presidium, prevista para mediados de septiembre, momento en el que se definirá la nueva dirección de forma permanente.
El relevo también afecta a otros cargos de relevancia: Lehmann dejará la presidencia del Comité Organizador de los Campeonatos del Mundo de Crans-Montana 2027 y su puesto como copresidente de la asociación encargada de impulsar la candidatura suiza a los Juegos Olímpicos de Invierno 2038. Estas salidas suponen para Suiza el reto de mantener la proyección internacional que Lehmann supo consolidar, al tiempo que abre la puerta a nuevos liderazgos que continúen el trabajo realizado.
Un cambio estructural, con implicaciones globales
La designación de Urs Lehmann como primer CEO en la historia de la FIS no es solo un movimiento personal o institucional: es un cambio de paradigma en la forma de entender la gobernanza del esquí y el snowboard a nivel mundial.
Hasta ahora, la gestión ejecutiva de la federación se apoyaba principalmente en la figura del presidente y del secretario general
, con un esquema de liderazgo de corte más tradicional y colegiado. La creación de un puesto de dirección general, ocupado por un perfil híbrido —exdeportista de élite, académico de alto nivel y gestor empresarial—, apunta a una profesionalización inédita en el deporte blanco.
Este nuevo modelo podría traer consigo decisiones más rápidas y eficientes, algo clave en un calendario internacional que exige coordinación constante entre más de 130 federaciones nacionales, broadcasters, patrocinadores y organizadores de eventos. Lehmann tendrá que equilibrar intereses deportivos, comerciales y geopolíticos, especialmente en un contexto donde el esquí alpino sigue siendo la disciplina reina, pero donde el snowboard, el freeski y otras modalidades emergentes demandan mayor protagonismo y recursos.
Comparativa con otras federaciones deportivas
La decisión de la FIS de incorporar un CEO no surge en el vacío: responde a una tendencia consolidada en el deporte internacional durante las dos últimas décadas, en la que las federaciones han optado por estructuras ejecutivas más cercanas al modelo corporativo para ganar eficacia y capacidad de adaptación.
En el fútbol, por ejemplo, la FIFA implantó en 2016 una figura de Secretary General con funciones muy próximas a las de un CEO. Este puesto, actualmente ocupado por Fatma Samoura hasta su salida en 2023, asumió la gestión diaria y la coordinación estratégica, liberando al presidente para centrarse en las decisiones políticas y en la representación institucional. Entre sus logros, destaca la agilización de procesos de licitación y la implementación de nuevos formatos de competición como la ampliación del Mundial a 48 selecciones. Otro ejemplo claro lo podemos encontrar en el atletismo, donde World Athletics opera con un CEO que supervisa áreas clave como operaciones, marketing y relaciones institucionales. Este esquema ha permitido a la Federación Internacional de Atletismo, por ejemplo, el rediseño del circuito Diamond League y la introducción de innovaciones en retransmisiones televisivas y en la interacción digital con los aficionados y en el rugby con World Rugby que cuenta con un CEO con poder ejecutivo real, capaz de implementar proyectos globales sin pasar por complejos procesos de votación. Bajo este modelo, la federación ha logrado expandirse a nuevos mercados —con la incorporación de países emergentes en el calendario internacional— y consolidar competiciones como el Rugby World Cup Sevens que está siendo consiguiendo atraer la atención del gran público.
En este marco, la FIS se alinea ahora con las federaciones que han apostado por profesionalizar su gestión. Sin embargo, lo hace con una particularidad notable: Urs Lehmann no es un directivo ajeno al deporte, sino un campeón mundial de descenso y expresidente de una federación nacional de primer nivel. Este bagaje le otorga una legitimidad técnica y una comprensión profunda del ecosistema del esquí que raramente se observa en otros nombramientos, donde el perfil del CEO suele proceder del mundo corporativo sin experiencia directa en la alta competición.
Retos estratégicos inmediatos
La llegada de un perfil como el de Urs Lehmann puede marcar un punto de inflexión. Su experiencia empresarial y su conocimiento del marketing deportivo no son un mero adorno en su currículum: pueden ser el catalizador para optimizar la gestión de los derechos audiovisuales, una de las principales fuentes de ingresos de la federación, y para redefinir la forma en que el esquí y el snowboard se presentan al mundo. Hoy, los públicos exigen retransmisiones más dinámicas, contenidos adaptados a plataformas digitales y narrativas que seduzcan a una generación joven que consume deporte de forma fragmentada y en múltiples dispositivos.
Sin embargo, Lehmann asumirá su nuevo cargo en un contexto donde la FIS ha sido objeto de críticas internas y externas. En diciembre de 2024, figuras de primer nivel como Mikaela Shiffrin o Marco Odermatt, junto a otros medallistas olímpicos, miembros del consejo y diversas federaciones nacionales, enviaron una carta al presidente Johan Eliasch cuestionando la falta de transparencia en el rechazo a la oferta de CVC Capital Partners. Esta propuesta, valorada en unos 400 millones de euros por el 20 % de los derechos comerciales de varias disciplinas, se presentó como una oportunidad para modernizar la estructura comercial, incrementar los premios y potenciar la marca de los atletas. La decisión de descartarla, según los firmantes, se tomó sin el debate y la evaluación abierta que un cambio de tal magnitud requería.
Tampoco ha pasado desapercibido el malestar de algunos sectores respecto a la escasa influencia de la voz de los atletas en la toma de decisiones. El caso de Dexter Paine, exvicepresidente del Consejo FIS, es ilustrativo: defensor de la inclusión de disciplinas paralímpicas y de mejoras económicas para los deportistas, propuso que la FIS gestionara directamente los pagos de premios y facilitara a los atletas el uso de sus contenidos mediáticos. Su pérdida del cargo fue interpretada por muchos como un revés para las reformas orientadas a la transparencia, la igualdad y la autonomía de los competidores.
Más allá de estas tensiones, Lehmann llega con la responsabilidad de abordar retos estructurales que no pueden esperar y que marcarán el futuro del esquí y el snowboard internacionales. El primero, y quizá más urgente, es repensar el calendario competitivo ante el impacto creciente del cambio climático. En los últimos inviernos, hemos visto cómo pruebas emblemáticas como Zermatt–Cervinia o Lake Louise se han visto canceladas o reubicadas por falta de nieve o por temperaturas demasiado altas para garantizar la seguridad de los corredores. Ajustar fechas, diversificar sedes y apostar por soluciones sostenibles son debates que ya están sobre la mesa y que exigen un plan a medio y largo plazo.
Otro desafío clave será reducir la brecha competitiva entre países. No es lo mismo preparar a un equipo nacional con generosos presupuestos, acceso a modernas pistas de entrenamiento, las mejores marcas de esquís y un staff técnico internacional, que hacerlo desde federaciones con recursos limitados y acceso a estaciones de esquí que solo operan unos pocos meses al año y velan por su modelo de negocio obviando las penurias que sufren las federaciones nacionales. No hay nada peor en el deporte que la total predominancia de un país o club en una disciplina deportiva. Por ejemplo en el esquí de fondo, es notorio dentro del sector que el producto «esquí de fondo» vale mucho menos hoy que hace diez años, debido a la gran dominación noruega.
Y es que para que el circuito sea realmente global, la FIS deberá fomentar programas de cooperación técnica, redistribuir recursos y facilitar más pruebas FIS y Copas Continentales en regiones emergentes. Existen mercados con enorme potencial comercial, como Asia (China, Corea del Sur y Japón), Hispanoamérica y Nueva Zelanda. Pero no basta con llevar competiciones a nuevos escenarios:
las federaciones nacionales necesitan crear y proyectar “héroes” locales, figuras capaces de inspirar a la afición y atraer a los medios y patrocinadores.
Un esquiador o snowboarder que logre destacar internacionalmente puede generar un efecto multiplicador, motivando a nuevas generaciones, impulsando programas de base, actuando como atractivo que atraerá nuevos practicantes a las estaciones de esquí y consolidando el interés del público en países donde este deporte aún busca su lugar. La historia demuestra que un solo campeón carismático puede transformar el seguimiento del esquí en una nación entera, como sucedió en Noruega con Aksel Lund Svindal o en Estados Unidos con Lindsey Vonn.
Por último, la integración real de criterios de sostenibilidad y responsabilidad social no puede quedarse en eslóganes. Desde Iloveski hemos visto cómo la presión social y medioambiental sobre las competiciones es cada vez mayor:
reducción de huella de carbono en los desplazamientos, gestión eficiente del agua para la nieve de cultivo, respeto a la biodiversidad de las zonas alpinas y compromiso con las comunidades locales que acogen los eventos.
Una FIS del siglo XXI deberá liderar con el ejemplo, estableciendo estándares claros y medibles que no solo respondan a las demandas institucionales, sino también a las expectativas de los aficionados y patrocinadores.
Para la comunidad internacional del esquí —y muy especialmente para las federaciones y estaciones de esquí—, el nombramiento de Lehmann abre una ventana de oportunidad. No solo llega un gestor con credenciales corporativas, sino un hombre que ha vivido la alta competición en primera persona y que comprende las complejas dinámicas de promoción y gestión del deporte. Si logra canalizar este conocimiento hacia una FIS más inclusiva, innovadora y adaptada a los retos del siglo XXI, podría sentar las bases de una nueva era para el esquí y el snowboard internacionales.
































