La nieve fresca, blanca e inmaculada, puede parecer un bocado tentador durante una jornada de esquí o dando un paseo por un paisaje nevado. Cuando tienes sed y estás en la nieve, es normal pensar que meter en la boca un puñado de esa materia blanca y pristina te quitará la sequedad. Y es que es casi un rito universal: los niños (y no tan niños) ven la nieve por primera vez y, antes de hacer un muñeco o una bola, ya están intentando probarla como si fuera un manjar exclusivo de invierno.

Si bien comer nieve en grandes cantidades no es recomendable, ingerir un pequeño bocado de nieve fresca y limpia en un entorno natural y alejado de fuentes de contaminación no debería representar un riesgo significativo para la salud. Para minimizar cualquier peligro, asegúrate de que la nieve sea completamente blanca, evitando zonas cercanas a carreteras, áreas urbanas o donde haya actividad animal evidente.

Es mejor comer nieve de la superficie superior, lejos del suelo, y asegurarte de que no tenga colores inusuales. Aunque no es una práctica para repetir frecuentemente, disfrutar de un poco de nieve en un lugar remoto y limpio puede ser una experiencia inofensiva y divertida si se hace con precaución.

Sin embargo, por más inofensiva que parezca, comer nieve es una práctica que conlleva diversos riesgos para la salud y el bienestar. A continuación, exploramos cinco razones por las cuales debes evitar ingerir nieve, incluso en los momentos más tentadores.


La nieve no es tan pura como parece

Aunque visualmente se asemeja a una capa blanca y prístina, la nieve está lejos de ser pura. A medida que los copos caen a través de la atmósfera, capturan partículas de contaminación, polvo y químicos presentes en el aire, incluyendo restos de emisiones industriales, humo de vehículos y metales pesados. De hecho, estudios científicos han demostrado que la nieve en áreas urbanas y cerca de zonas industriales puede contener niveles preocupantes de contaminantes tóxicos, como dióxido de azufre o amoníaco. A continuación, encontrarás algunos contaminantes que puedes encontrar en la nieve principalmente en zonas urbanas o próximas a ciudades:

  • Metales pesados como plomo, mercurio y cadmio, provenientes de emisiones industriales y de vehículos. Definitivamente, comer nieve de al lado de la carretera no es buena idea.
  • Partículas de carbono negro, producto de la combustión incompleta de combustibles fósiles.
  • Compuestos químicos tóxicos, incluyendo dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y amoníaco, liberados por fábricas, plantas de energía y actividades agrícolas.
  • Microplásticos, que se han encontrado incluso en regiones polares, derivados del desgaste de productos plásticos y tejidos sintéticos.

Incluso en regiones remotas, la nieve puede incorporar elementos contaminantes transportados por corrientes de aire a grandes distancias. Hay estudios que han detectado pesticidas utilizados en la agricultura intensiva o polvo mineral del desierto del Sahara en la nieve de los Alpes y el Ártico. Ingerir estos compuestos puede tener efectos negativos a largo plazo en la salud, especialmente en los sistemas respiratorio y digestivo.


Riesgo de hipotermia

Consumir nieve en grandes cantidades puede tener un impacto significativo en la temperatura corporal central y el equilibrio térmico del cuerpo. Ya sabes que hay diferentes tipos de nieve y el dato que te damos a continuación es variable, pero normalmente, la nieve está compuesta en un 90% de aire y un 10% de agua. Además se encuentra a temperaturas cercanas o inferiores a los 0 °C. Al ser ingerida la nieve, el cuerpo debe consumir energía para calentarla y transformarla en líquido, un proceso que provoca una pérdida adicional de calor corporal y dificulta el mantenimiento de una temperatura interna óptima.

La termorregulación bajo estrés térmico es especialmente delicada en condiciones de frío extremo, donde el cuerpo ya está trabajando intensamente para evitar la hipotermia. Estudios científicos han demostrado que el enfriamiento del tracto digestivo, incluso en pequeñas áreas como la boca y el esófago, puede causar una respuesta refleja de vasoconstricción, disminuyendo aún más la capacidad del cuerpo para conservar calor.

Los grupos más vulnerables incluyen a niños, debido a su mayor relación superficie-volumen, lo que los hace más propensos a perder calor rápidamente, y personas con una contextura física más delgada, que poseen menos tejido adiposo para aislamiento térmico. En estos casos, el riesgo de una hipotermia inducida por el consumo de nieve es aún mayor.


Presencia de bacterias y microorganismos

Aunque se asocia con climas fríos y parece inmaculada, la nieve no está libre de bacterias, virus y otros microorganismos. La congelación del agua no elimina estos patógenos; por el contrario, actúa como un mecanismo de preservación que les permite mantenerse inactivos hasta que encuentran condiciones favorables para proliferar.

Además, la nieve que se acumula en superficies como ramas, tejados o el suelo puede contaminarse con facilidad. Estas superficies suelen estar expuestas a una amplia variedad de agentes contaminantes, incluyendo desechos animales, excrementos y residuos químicos. Por ejemplo, las heces y la orina de aves, animales salvajes o mascotas pueden dejar en la nieve bacterias como Escherichia coli y Salmonella, así como parásitos responsables de enfermedades como la leptospirosis o la giardiasis.

Un estudio publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health destacó que incluso en entornos aparentemente prístinos, la nieve puede contener bacterias ambientales como Pseudomonas y Acinetobacter, algunas de las cuales son resistentes a los antibióticos. Este tipo de contaminación es más común en áreas cercanas a asentamientos humanos, en las zonas más transitadas de las estaciones de esquí o zonas frecuentadas por animales.

Consumir nieve que ha estado en contacto con estas fuentes de contaminación puede representar un riesgo significativo para la salud, especialmente en términos de infecciones gastrointestinales y enfermedades transmitidas por parásitos.


Impacto en la hidratación

Aunque parece lógico pensar que la nieve puede saciar la sed, su composición no permite que cumpla esta función de manera efectiva. Al ser mayoritariamente aire y estar congelada, el cuerpo necesita gastar energía adicional para calentarla y transformarla en líquido antes de poder procesarla. Esto puede generar un efecto opuesto al deseado, causando deshidratación en lugar de prevenirla. Estudios en medicina de montaña han señalado que ingerir nieve directamente puede provocar irritación en el tracto gastrointestinal debido a su baja temperatura, agravando la sensación de deshidratación. Además, la deshidratación no es solo la pérdida de agua, sino también de electrolitos esenciales. Dado que la nieve no contiene minerales, su consumo no ayuda a reponer estas sustancias vitales.

Mejor beber que comer nieve: en situaciones de supervivencia, se recomienda derretir la nieve antes de consumirla para evitar estos efectos negativos. Para derretir nieve de forma eficiente, colócala en un recipiente metálico y caliéntala sobre una fuente de calor constante, como un fuego o una estufa portátil. Comienza con una pequeña cantidad de nieve o añade un poco de agua si tienes, para acelerar el proceso y evitar que se queme. En emergencias, puedes derretir nieve colocándola en una bolsa hermética dentro de tu abrigo, aprovechando el calor corporal. Si puedes, siempre filtra o hierve el agua resultante para eliminar posibles contaminantes y garantizar su potabilidad. Si considera que puedes exponerte a una situación crítica, valora llevar contigo potabilizadores de agua como pastillas de cloro (Aquatabs), yodo (Potable Aqua) o dióxido de cloro (Micropur Forte).


Riesgo de sustancias tóxicas en nieve de colores

En ciertos entornos, es posible observar nieve con colores inusuales: amarillenta, rojiza, anaranjada o incluso verdosa. Estas tonalidades, aunque puedan parecer curiosas o naturales, suelen ser un signo de contaminación o de la presencia de organismos que pueden representar un riesgo para la salud. A continuación te indicamos los diferentes colores que puede tomar la nieve y la causa:

  • Nieve amarilla: Frecuentemente indica contaminación por orina o desechos animales, lo que puede introducir bacterias como Escherichia coli o Salmonella. En algunos casos, también puede contener polvo rico en minerales transportado por el viento desde regiones desérticas.
  • Nieve roja o «de sandía»: Causada por algas del género Chlamydomonas nivalis, que prosperan en condiciones frías. ¿Te acuerdas de la lluvia de sangre?. Pues es lo mismo pero en la nieve. Estas algas producen carotenoides que les otorgan el color rojizo, pero también liberan sustancias químicas que pueden ser tóxicas o causar irritación gastrointestinal si se ingieren.
  • Nieve anaranjada o marrón: Puede deberse a polvo de partículas finas transportado por el viento o a contaminantes industriales. Estas partículas suelen contener metales pesados y otros elementos tóxicos perjudiciales para la salud.
  • Nieve verdosa: En ocasiones, es producto de bacterias o algas específicas, cuya composición química puede ser dañina para el organismo.

Aunque estos colores pueden ser visualmente impactantes, lo más seguro es admirarlos desde la distancia. Consumir nieve de colores puede exponer al cuerpo a toxinas, bacterias u otros contaminantes que podrían generar infecciones o intoxicaciones graves.