El calentamiento climático representa un reto para el ser humano en general y para la industria del esquí en particular. Los 17 objetivos de desarrollo sostenible implementados por la ONU en 2015, así como los programas Iniciativa de Acción Climática de las Ciudades (C40), la Alianza Solar Internacional (ISA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) son ejemplos de esfuerzos globales para abordar el cambio climático desde diferentes ángulos y a diferentes escalas. Estas iniciativas han fomentado que las estaciones de esquí potencien su compromiso colectivo hacia un futuro más sostenible y resiliente para las generaciones presentes y futuras.

Reducir los niveles de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases de efecto invernadero en la atmósfera, proteger el medio ambiente o utilizar recursos energéticos sostenibles, son algunos de los objetivos que los dominios esquiables están buscando por medio de diferentes estrategias que minimizan el impacto de la actividad turística del esquí en los delicados ecosistemas de montaña.

Los operadores de las estaciones son conscientes de que su mayor activo es la montaña y para protegerlo, están implementando estrategias sostenibles que minimizan el impacto en la fauna, la flora y el clima de las zonas de montaña. Esto no significa que las estaciones de esquí siempre hayan procedido de forma ejemplar y no deban entonar el «mea culpa» por ciertas atrocidades que se acometieron en la década de los 60. Quizás lo más coherente sea aceptar los errores del pasado y afrontar el futuro de forma sostenible, implementando estrategias orientadas a ejes de actuación basados en la sostenibilidad y la protección de la montaña.

Las estaciones de esquí no son las responsables, pero son las primeras en sufrir el cambio climático.

Y es que para demostrar la emergencia climática, no es necesario utilizar fuentes científicas, dado que existen hechos fehacientes: el deshielo acelerado de los glaciares, los preocupantes periodos de sequía y el descenso paulatino de la cota de nieve, son hechos irrefutables que es complejo poner en duda. Sin embargo, la industria del esquí no solamente se enfrenta al cambio climático y a todos sus retos derivados, también existe un movimiento que desconcierta no solo a los operadores de las estaciones de esquí, sino también a la economía y los puestos de trabajo -directos e indirectos- que generan en la montaña. Este fenómeno, es denominado Ski-Bashing.

¿Qué es el ski-bashing?

Bashing es un término inglés que significa vapuleo, proviene del verbo bash (eng: vapulear). El significado de este verbo es el acto de realizar un ataque duro, gratuito y prejuicioso contra una persona o colectivo. Literalmente, bash es un término que significa golpear o agredir, pero cuando se utiliza como sufijo, o junto a un sustantivo que indica el sujeto que se ataca, normalmente se utiliza para dar a entender que el acto está motivado por el fanatismo. Este es el caso de ski-bashing, donde el fanatismo climático se puede convertir en la soga de un sector que representa la principal fuentes de empleo y recursos a la población que reside en núcleos urbanos de montaña.

¿Por qué el ski bashing carece de fundamento?

A continuación desarrollamos varios argumentos que defienden la existencia de las estaciones de esquí y refutan el ski-bashing:

  1. Generación de empleo y economía local: Las estaciones de esquí no solo son destinos turísticos, sino también generadores de empleo y motores económicos para las comunidades locales, especialmente en áreas montañosas. La existencia de estaciones de esquí proporciona trabajo no solo en las propias estaciones, sino también en hoteles, restaurantes, tiendas de alquiler de equipos y otras empresas relacionadas. El cierre o la desaparición de estas estaciones debido al ski-bashing tendría un impacto devastador en la economía local y en los medios de vida de muchas personas.
  2. Desarrollo sostenible: Aunque las estaciones de esquí han tenido impactos ambientales en el pasado, muchas de ellas están adoptando prácticas más sostenibles y responsables. Estas incluyen medidas para reducir la huella de carbono, proteger la biodiversidad local y conservar los recursos naturales. El compromiso con la sostenibilidad está llevando a la innovación en la industria del esquí, con la introducción de tecnologías más limpias y la adopción de prácticas de gestión ambientalmente responsables.
  3. Conexión con la naturaleza: Las estaciones de esquí brindan a las personas la oportunidad de conectarse con la naturaleza y disfrutar del aire libre durante el invierno. Fomentan un estilo de vida activo y saludable al promover la práctica del deporte y el ejercicio al aire libre. Además, para muchas personas, el esquí y el snowboard son actividades recreativas que ofrecen beneficios físicos y mentales, además de crear recuerdos y experiencias compartidas con amigos y familiares.
  4. Educación y conciencia ambiental: Las estaciones de esquí pueden servir como plataformas educativas para aumentar la conciencia ambiental entre los visitantes y la comunidad local. Muchas estaciones ofrecen programas educativos sobre conservación ambiental, cambio climático y sostenibilidad, lo que ayuda a sensibilizar a las personas sobre la importancia de proteger el medio ambiente y reducir su impacto en la naturaleza.
  5. Contribución al turismo y al desarrollo regional: Las estaciones de esquí atraen a turistas de todo el mundo, lo que impulsa el turismo local y regional. Este flujo de visitantes no solo beneficia a las estaciones de esquí, sino también a las empresas locales, que ven un aumento en la demanda de alojamiento, restaurantes, transporte y servicios turísticos en general. El turismo de invierno contribuye significativamente al desarrollo económico y al crecimiento de las comunidades en áreas montañosas.

En resumen, las estaciones de esquí desempeñan un papel vital en la economía, el turismo y la conservación ambiental de las regiones montañosas. El ski-bashing, aunque pueda surgir de preocupaciones legítimas sobre el medio ambiente, no tiene en cuenta los esfuerzos de las estaciones de esquí por adoptar prácticas más sostenibles y responsables, ni reconoce su importancia para las comunidades locales y el bienestar de las personas con la práctica de un deporte saludable.


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