La nieve es uno de los fenómenos más fascinantes de la meteorología, transformando paisajes y marcando la temporada invernal en muchas regiones del mundo. Sin embargo, su aparición no es casual; responde a una serie de condiciones climáticas muy específicas. A partir del análisis del estudio reciente de AEMET (“Actualización de eventos de olas de frío”, octubre de 2023), este artículo explora los factores clave que deben coincidir para que se produzcan precipitaciones en forma de nieve.
¿Qué hace falta para que nieve? Temperaturas y humedad adecuadas
La nieve se forma cuando la temperatura del aire cerca de la superficie se mantiene por debajo de los 0 °C. El informe de AEMET destaca que las temperaturas extremas durante eventos como las olas de frío de 1985 y 2021 alcanzaron valores tan bajos como -25 °C en localidades como Teruel y Molina de Aragón. Este enfriamiento extremo no solo favorece la cristalización del agua en la atmósfera, sino que también garantiza que las precipitaciones lleguen al suelo en forma de nieve.
Por otro lado, la humedad es el segundo factor esencial. El informe señala que la nieve más intensa ocurre en contextos donde la atmósfera contiene altos niveles de vapor de agua. Eventos como la borrasca Filomena en enero de 2021 ilustra este punto: una combinación de aire húmedo y frío derivó en nevadas históricas en regiones como Madrid y Toledo. Durante este episodio, la interacción entre la humedad del Mediterráneo y las bajas temperaturas generó nevadas de hasta 50 cm de acumulación.
Presión atmosférica y configuración de borrascas
Las bajas presiones asociadas a borrascas juegan un papel crucial en las precipitaciones de nieve. En condiciones de alta presión, el aire tiende a ser seco y estable, inhibiendo la formación de nevadas. Sin embargo, cuando una borrasca se combina con temperaturas bajo cero, se crea el entorno perfecto para la nieve. Un ejemplo significativo es el episodio de 1985, donde la presión atmosférica baja y las condiciones árticas provocaron intensas nevadas en amplias zonas de la península.
Altitud y relieve
La altitud es otro factor clave. Las zonas de mayor altitud, como los Pirineos o el sistema Central, suelen registrar temperaturas más bajas y mayor frecuencia de nevadas. AEMET señala que las localidades a más de 1.500 metros de altura experimentan nevadas más consistentes debido a las temperaturas frías constantes y la menor influencia del calentamiento superficial. Además, las montañas crean microclimas que pueden intensificar las nevadas mediante efectos orográficos, donde el aire húmedo asciende y se enfría, liberando precipitaciones.
Ejemplos históricos: Lecciones de las grandes nevadas
Los datos de AEMET documentan episodios como las nevadas de enero de 1985, consideradas las más severas de las últimas décadas. En ese año, localidades como Pollensa registraron hasta 113,7 mm de precipitación acumulada en forma de nieve, mientras que en Teruel se alcanzaron mínimas históricas. Más recientemente, la borrasca Filomena destacó por su impacto en el centro peninsular, interrumpiendo el transporte y dejando paisajes completamente blancos.
Las olas de frío más relevantes desde 1975
AEMET actualiza desde hace unos años un dosier que analiza desde 1975 los frentes fríos vividos en España, en función de los episodios, el números de días que duraba la ola de frío y la duración de la ola de frío más larga de cada invierno.
A destacar las largas olas de frío vividas en 1956, con temperaturas mínimas de -24ºC en Candanchú y -18ºC en Navacerrada. Las temperaturas también descendieron en gran parte de la geografía en 1980-1981-1982-1983-1985 que no se volvieron a vivir en España hasta el año 2001. Nada que pueda igualar las temperaturas mínimas vividas el 3 de enero de 1945 con temperaturas de -21.2ºC.
Cuando el frío es extremo, nieva menos
El frío normalmente va asociado a la nieve en la mente de todos, pero no es así obligatoriamente. Cuando el frío es extremo, se generan pocas precipitaciones y no son generalizadas, contradiciendo la idea de a más frío, más nevadas. La explicación, de forma simplificada, es que la irrupción de un frente frío, traerá nieve o no en función de diversos factores, pero destaca el origen y posterior irrupción del frente frío. Cuando proviene de zonas continentales, y tanto en el origen como en su recorrido no se cargan de humedad, no generan precipitaciones relevantes de nieve.
En función del la curva de la temperatura y la mezcla de saturación (g/kg), entre otros factores, aumenta o disminuye la capacidad del aire de mantener vapor de agua. En resumen, se observa que cuando el aire se enfría y pasa a temperaturas negativas, a partir de -10 ºC, las nevadas son poco significativas al disminuir la capacidad del aire de almacenar humedad. A destacar, que si la temperatura desciende de los -40 ºC la precipitación es prácticamente imposible.
¿Qué condiciones son ideales para que haya precipitaciones en forma de nieve?
El principal requisito, será que el aire sea enfriado por debajo de la temperatura de saturación del hielo en la nube, para ello la nevada ideal puede ser cuando el aire muy frío y seco, recibe humedad y precipitación de otro agente atmosférico diferente situado a mayor altitud. Igualmente, si el aire existente entre la nube que precipita y el suelo, no dispone de humedad el copo de nieve desaparecerá y a la inversa, si el aire que encuentran tiene humedad o se ha humedecido por advección vertical y horizontal, el copo irá aumentando de tamaño, hasta llegar al suelo. Otro factor relevante a considerar ante las nevadas, son las convergencias locales que permiten hasta con dos grados positivos, precipitaciones en forma de diferentes tipos de nieve.
Sí, existen lugares privilegiados que reciben más nieve que otros por sus localización, características específicas y microclima. Dado que la mayoría de los fenómenos meteorológicos ocurren en la troposfera ( capa inferior de la atmósfera), destacando por ser la que acumula el mayor porcentaje de vapor de agua y tiene una altura que supera los 10 kilómetros (donde limita con la Estratosfera) y el aire más frío esta en la parte superior, todos los frentes que atraviesan esos 10 kilómetros, interactuarán entre ellos. Los microclimas en montaña, generan precipitaciones en forma de nieve en colaboración con las bajas temperaturas y las precipitaciones.
También, los frentes fríos que llegan rápido, con fuertes vientos y cargados de humedad, al atravesar grandes zonas donde existe agua acumulada, como los grandes lagos o embalses se saturan al máximo hasta precipitar en forma de copo de nieve. La molécula de agua, es la que dicta la simetría del copo de nieve hexagonal que precipitará sobre la superficie.
Como sabéis, la molécula de agua es el H2O, pero algo que menos gente sabe es que la forma de la molécula es un perfecto triángulo equilátero, al que se van uniendo otros cristales con características fractales, formando seis triángulos y manteniendo su simetría hexagonal que tanto nos atrae y que tanto vinculamos con el invierno y el frío cuando existe supersaturación (g/m3). Fueron esas formas simétricas de los copos de nieve, las que tanto fascinaron al fotógrafo Wilson Bentley, llegando a publicar en 1931 el libro «Los cristales de nieve» que contaba con 2400 imágenes de copos de nieve diferentes. En la época, representó una pasión letal, dado que poco después de la publicación murió de neumonía.
Imagen: Kenneth Libbrecht
Otro dilema para todos los aficionados a la nieve, es conocer los espesores del manto blanco en las estaciones de esquí y en la montaña. Lo cierto, es que la precipitación en forma de nieve, es relativamente sencilla medirla sin viento, pero si el Dios Eolos entra en escena, la medición es mucho más compleja.
La principal barrera es la falta de efectividad de los pluviómetros para medir la precipitación en forma de nieve en situaciones de viento, dado que este último puede deflectar el copo de nieve impidiendo entrar en su interior (Rasmussen et al., 2012).
Para evitar este problema, se han desarrollado otros sistemas de medición más precisos, como el DFAR situado en Formigal-Sarrios a 1800 mts de altitud, con un pluviómetro de pesada y un disdómetro, en el interior de la estructura de madera. Una instalación pionera en Pirineos que, a pesar de estar en pruebas, permite medir con precisión las nevadas a pesar de que existan condiciones de viento extremas.
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Functional
Siempre activo
The technical storage or access is strictly necessary for the legitimate purpose of enabling the use of a specific service explicitly requested by the subscriber or user, or for the sole purpose of carrying out the transmission of a communication over an electronic communications network.
Preferencias
The technical storage or access is necessary for the legitimate purpose of storing preferences that are not requested by the subscriber or user.
Estadísticas
The technical storage or access that is used exclusively for statistical purposes.The technical storage or access that is used exclusively for anonymous statistical purposes. Without a subpoena, voluntary compliance on the part of your Internet Service Provider, or additional records from a third party, information stored or retrieved for this purpose alone cannot usually be used to identify you.
Marketing
The technical storage or access is required to create user profiles to send advertising, or to track the user on a website or across several websites for similar marketing purposes.