Para aquellos que no pertenecemos a la generación X ni a los Millenials, nos han puesto etiqueta, ahora nos llaman Xennials. Los nacidos entre 1977 y 1983, parece que somos la “microgeneración” que ha vivido un infancia sin apenas tecnología y que actualmente, apenas puede escapar de ella. Antes de continuar, si tienes una cuenta de Hotmail, es muy probable que seas un Xennial. Fue Dan Woodman, un profesor de la Universidad de Melbourne, quien identificó a un segmento de la sociedad que había pasado de la comunicación “clásica” a la comunicación tecnológica y a la era digital.

Si tienes una cuenta de Hotmail, es muy probable que seas un Xennial

Los Xennials, palabra construida a partir de Generación X y Millenials, son aquellos que según Woodman: “tuvieron una niñez, juventud y adolescencia libres de tener que preocuparse por los medios de comunicación, las redes sociales y los teléfonos móviles. Tenían tiempo para reunirse con amigos los fines de semana, hablaban por teléfono fijo pero con la capacidad de adaptarse a las nuevas tecnologías”. Quizás ahora tienes Netflix, pero nunca te olvidarás de la película de los Goonies.
Da igual la música que te gustara en aquel entonces, sabes perfectamente quienes son los New Kids on the Block. No podías subscribirte a canales y a páginas de esquí desde el ordenador, sino que comprabas algunas películas de esquí en VHS y poco más. Subir a la montaña sin móvil era normal. Informabas a familia y amigos de donde estarías y poco más. ¿Llevas cadenas? … ¿Con quien vas?…Apúntame el teléfono de sus padres… 

Los esquiadores de antes, sobrevivían sin tecnología

Salíamos a la aventura, sin teléfono, sin geolocalizar, sin Google Maps, sin aplicaciones de avisos de avalancha ni liftopia, sin whatsapp… terminabas un día increíble de nieve polvo sin una sola instantánea de aquel momento y tener un vídeo esquiando era algo excepcional. El día anterior, llamada a la estación para saber el parte meteorológico y el estado de las pistas. Lo normal, era escuchar un mensaje de contestador automático y poco más. Mejor saber el camino, google no estaba para darte una “ruta alternativa”, introducías la radio extraíble y quizás subías el puerto escuchando el “Smash” de Offspring, las distracciones al volante eran más limitadas, nadie enviaba whatsapp.
Los que no tenían móvil, disponían de un engendro denominado bipper, que no fue más que el principio del actual whatsapp con un diseño tipo “busca” que recibía mensajes de texto escritos por un teleoperador. Si eres de la época, sabrás de lo que hablo. En 1998 llegó el Nokia 5110 con dos novedades legendarias, el intercambio de carcasas y el primer juego de móvil en monocromo, la serpiente.
En la época, si subías en el telesilla con tu pre-samrtphone, jugando al “Snake” podías ser considerado un bicho raro. Sin embargo casi 20 años después, si subes a la nieve sin el móvil y eres Xennial, quizás te falte tanto como el forfait. Antes lo «normal» era disfrutar del paisaje y si se terciaba, hablar un rato con los otros ocupantes del telesilla. Era normal escuchar fantochear a los más expertos con la velocidad de su último descenso, llevarles la contraria y convencerles de que no bajaban a más de 60km/h era complejo, no existía Ski Tracks o Trace Snow que todo lo miden.
Cuando llegabas a una bifurcación de pistas de diferente nivel, llegaba aquel “no te preocupes, vosotros bajáis por esta y vosotros por la otra, según el mapa, las pistas se cruzan así que allí nos vemos”. Más de una vez, por impaciencia o desorientación, el grupo terminaba dividido para todo el día. Quizás si hubiéramos tenido Wave Application, encontrarnos los amigos en las pistas habría sido más fácil, aunque dado que la separación de los grupos “por casualidad” se hacían por niveles o por afinidad, ni tan mal.

Desconectar para conectar con la naturaleza

Probablemente recordarás, que a no ser que tuvieras el forfait de temporada, si, aquel cartón plastificado con una foto recortada, te tocaba esperar colas seguro los fines de semana. La primera para sacar el forfait y la segunda para coger el telesilla o telecabina, con más personas que en la Puerta del Sol en Nochevieja, intentando que no te pisen tus nuevos Volkl P30 en plena avalancha humana. Si eres un Xennial, seguramente recordarás algún día con un frío terrible, esperando la cola del forfait con aquellos calentadores de carbón en los bolsillos de la cazadora de flamantes y chillones colores.
Quizás te ruborice contárselo a un Millenial, mientras recarga su “forfait” desde el móvil, reserva su material de alquiler o contrata unas clases particulares con su profesor preferido. Si hablamos de privacidad, los Xennials sabemos lo que significa perderla. Subir a la nieve, desconectar del mundanal ruido y disfrutar de la naturaleza sin que nadie altere tu karma, era sencillo.
Bastaba con evitar como fuera los fines de semana, los festivos y… punto. La nueva era, de la eterna conectividad puede enturbiar el día en la nieve. Pero no desesperes, siempre tienes la opción de rememorar viejos tiempos, dejar el móvil en casa o utilizar Offgrid, que te permite bloquear mediante su firewall, aquellas funciones que desees.

Aquellos viajes a los Alpes : los francos, 20 horas de viaje y Francias Cabrel

Si vives en Madrid o sus proximidades, recordarás las filas de autocares que de madrigada, se daban cita en la puerta cero del Santiago Bernabeu con dirección hacia los Alpes franceses, donde los organizadores colocaban con esmero los equipajes, el material y las cajas de cartón llenas de comida y enseres. Había que mover las piernas, más de 20 horas de viaje se pueden hacer muy largas.
Casi nadie escatimaba en llevar producto nacional para ahorrar, dada la gran diferencia existente del cambio de divisa, entre nuestra querida peseta, activa desde 1868 hasta 2001, y el franco francés. Durante casi un día de viaje, olvídate de Ipad, móvil u ordenador portátil con aquello que a ti te gusta y a ti te apetece ver.
Todo el mundo a ver la misma película y reza para que el altavoz más próximo a tu asiento no retumbe con los graves. ¿Recuerdas esto Xennial? 1 franco, 25 pesetas: las noches de apré-ski en Alpes franceses te salían exponencialmente caras, sobretodo cuando por primera vez, viste una botella al revés con un dosificador, era difícil escuchar música en inglés y la pista se volvía loca con el “Voyage, Voyage” de Desireless. El Dj no tenía Spotify, ni listas de reproducción ni música en mp3. Ponía vinilos y en vez de terminar la noche con Raphael, lo hacían con Francis Cabrel. Si conocías alguna de las canciones que sonaban durante la noche, era mérito propio al cien por cien, no podías mirar de soslayo Shazam para dártelas de entendido.

Desconecta de todo, conecta con la montaña

Si subías al pirineo francés, no encontrabas un telesilla desembragable, a no ser que fueras a la pionera Peyragudes que instaló el primero al otro lado del Pirineo, en el año 1998. Y aunque picara más que una ortiga y aquello no transpirara, nada era más calentito que un buzo de lana, y unos contundentes leotardos por debajo del mono integral.
Quizás ahora lo antisocial, sea no pertenecer a una red social. Quizás ahora si no compartes una foto en la montaña y la etiquetas brillantemente con hashtag, parece que no has subido, que no disfrutas o que no estás en la «onda».
Quizás subir a la montaña sin hacer uso de la tecnología presente más problemas que satisfacciones… ¿o no?. Un día hablando entre los miembros del equipo de Iloveski, nos planteamos el “reto” de subir a esquiar sin teléfonos. Todo el día, sin whatsapp, sin twitter, Facebook, ni instagram ni cámara de fotos ni de vídeo. Sin llamadas, sin alertas, sin información a veces superflua.
La experiencia nos encantó. Te invitamos a que, independientemente de si eres Xennial, perteneces a la Generación X o te consideran Millenial… Un día, tan solo un día, te recomendamos que desconectes del todo. Quizás el resultado te asombra y resulta que te conectas.