¿Cuántos accidentes e intervenciones en montaña ocurren cada invierno? ¿Las intervenciones cada vez más profesionales de los rescatadores así como la utilización de modernos materiales y equipos de rescate han ayudado a una disminución de las cifras mortales? 

Olivier Mariande, Guía y Rescatador de Montaña en los Pirineos nos ayuda a responder a estas preguntas, contándonos experiencias de primera mano: 
« Desde 1971 a 2011, en Francia se constata que el número de personas fallecidas en las avalanchas es bastante estable, de media 30 muertos al año. Sin embargo, de 1981 a 2011, se observa una ligera evolución positiva en lo que se refiere al número de personas que sufrieron un accidente mortal, probablemente debido a los mensajes de prevención difundidos y a los consejos aplicados a la hora de esquiar, como por ejemplo el espacio de seguridad entre esquiadores a la hora de las salidas en grupo (uno por uno en las zonas más peligrosas, tanto en las subidas como en los descensos). 
Desde el 2011, las cifras son bastantes heterogéneas puesto que el invierno del 2011/2012 ha sido el menos mortal de los últimos 40 años (con 32 accidentes y 22 fallecidos), de la misma forma que el invierno del 2013/2014 (con 59 accidentes y 20 fallecidos) se sitúa por encima de la media de 32 fallecimientos del periodo 1981/2014. 
Desgraciadamente, el invierno 2012/2013 supera todas estas cifras, con un número de accidentados de 72 y 36 fallecidos. Esto se explica con la excepcional duración de la temporada de esquí, con años donde hubo buenas condiciones para esquiar hasta mayo y con un mes de marzo especialmente mortal. Durante el invierno del 2014/2015, nos encontramos con un número de 59 accidentes y 45 personas fallecidas.” (Fuente: ANENA: Asociación Nacional Francesa del Estudio de la Nieve y de las Avalanchas) 
“Después de 2 inviernos donde la tendencia se ha invertido, con más fallecimientos fuera de pista, podemos deducir que es el esquí de travesía es el que ha resultado más mortal durante el inverno del 2014/2015. En conclusión, las cifras de media son bastante estables a lo largo de los inviernos y las diferencias interanuales son importantes. El balance final depende directamente de la nivología (la calidad del manto de nieve y de su composición), del número de accidentes y de su naturaleza a lo largo del invierno. 
Cuanto más largo es un invierno, más esquiadores acuden a deslizarse por las pistas y el número de accidentes aumenta considerablemente… Afortunadamente, el balance de las avalanchas no es únicamente negativo puesto que son muchas las personas salvadas cada año por profesionales de la montaña. Los accidentes por avalancha durante el 2014/2015, censados por el ANENA, nos muestran que de cada 59 avalanchas accidentales censadas y 134 personas afectadas, se registran 45 personas indemnes y 36 heridos, es decir, 81 personas salvadas por los Servicos de Rescate
Este es el balance final de los accidentes por avalancha del 2014/2015 de l’ANENA: 

«Está claro que queda mucho por hacer en lo que se refiere al trabajo de prevención entre los esquiadores, para que de este modo, ellos se equipen mejor y aprendan sobretodo a hacer un uso correcto de sus materiales de seguridad”.
Las víctimas por avalancha sobreviven gracias a unos consejos simples, pero sobretodo al gran esfuerzo efectuado por los rescatadores en montaña encargados de su búsqueda. Conocer los diferentes tipos de avalanchas, saber detectarlos, saber cómo se provocan, tener conocimientos sobre la búsqueda de víctimas…todos estos ejemplos son especialidades que deben adquirir los profesionales de la montaña. 
En lo que a esto se refiere, ANENA dispone de una sección de formación que permite aportar conocimientos al personal de la montaña en materia de seguridad; cabe destacar las formaciones ofrecidas a los especialistas de desencadenamiento preventivo de avalanchas mediante explosivos o aquellos acompañados por perros de avalanchas... 
Finalmente, os presentamos un breve testimonio, extraído de la página web de ANENA, de Michaël NOMBRET, rescatador en pistas: “De repente, oigo un un ruido ensordecedor: se ha desencadenado una avalancha justo encima de mi! En la niebla, veo la nieve que se desliza bajo mis pies. Mi primer instinto es colocarme en el sentido de la pendiente, para escapar de la masa de nieve que desciende. Tengo la pista a cincuenta metros, pero no puedo avanzar: la nieve está como el cemento, difícilmente se puede esquiar. Una primera ola me eleva rápidamente, tengo una capa de nieve que me llega a las caderas. Cuando estoy intentado mantenerme en equilibrio, una segunda ola de nieve, mucho más fuerte, me proyecta hacia delante. Mis esquís ya no están fijados, comienzo a tragar nieve. Coloco una mano delante de mi boca y de repente todo se tranquiliza. Estoy prisionero. Imposible moverme, ¡estoy atrapado en oro blanco! Con la mano con la que me había tapado la boca consigo hacer un pequeño espacio para respirar, y moviéndome, consigo coger el micro de mi radio, colgado en el cuello de la chaqueta. Mi corazón bate a 200 kms por hora, estoy hiperventilando y muy estresado. Pienso mucho en mis hijos: «No, no a mi. No aquí. No hoy». Estoy en fase de bloqueo total. Por la radio, escucho a mi compañero de equipo decir que la nieve me ha “atrapado”. Intento hablar: «¡Rápido!¡Estoy aquí debajo!». Oigo pasos que crujen en la nieve por encima de mi, pero me parecen muy lejanos. Cuando uno está debajo de la nieve, la ansiedad es muy grande porque no se sabe cual es el espesor que nos aplasta. El jefe de las pistas me da ánimos, intenta tranquilizarme: mi respiración es efectivamente muy rápida, estoy muy estresado. El tiempo me parece interminable, siento que todo gira a mi alrededor. Voy perdiendo la consciencia dulcemente, mis últimos recuerdos son resplandores rosas, violetas, azules, probablemente relacionados con la asfixia. Me despierto con la luz del día. Mis primeras palabras van dirigidas hacia mis colegas: «Muchas gracias! Gracias a vosotros voy a volver a ver a mis hijos!» Todavía estoy retenido en la nieve, con las piernas atrapadas. Otros dos rescatadores de pista terminan por sacarme mientras que recupero las fuerzas”.
Michaël fue salvado sin secuelas gracias a la intervención rápida de los rescatadores. Permaneció durante 9 largos minutos bajo la nieve.