El esquí de travesía o esquí de montaña nació en los Alpes, como práctica deportiva, en las primeras décadas del siglo XX. Esta modalidad de esquí permite disfrutar del ascenso y descenso de las montañas de una forma diferente, disfrutando de la naturaleza en estado puro por nieve no tratada. Pero, dado que por su naturaleza no es necesario practicarlo en zonas específicamente habilitadas para ello, es fácil confiarse e ignorar los peligros que conlleva si no se realiza con seguridad, así como las implicaciones civiles y penales que conlleva la práctica deportiva del esquí de travesía en una zona no destinada para ello, en caso de accidente.
Lo primero de todo es tener en cuenta que el esquí de travesía, al igual que otros deportes de montaña, es un deporte de riesgo y así lo define FEDME. Para aquellos que quieran practicarlo, es muy importante estar preparado físicamente y contar con el equipo adecuado. Al ser una forma de esquí que se realiza fuera de pista, no contamos con la seguridad que aportan las estaciones de esquí. Podemos perdernos en la montaña o lastimarnos en una zona en la que no haya otras personas, cobertura y el acceso de los servicios de rescate sea complejo.

Diferentes espacios para las diferentes disciplinas deportivas

Evitar los peligros de la montaña, los complejos accesos, la falta de servicios, sumado a la comodidad de ascender y descender por nieve tratada, genera que muchos usuarios practiquen SKIMO en los dominios esquiables, repercutiendo de forma directa en la seguridad de las estaciones de esquí y de sus usuarios.
Más allá de la polémica causada por la dificultad para conciliar el esquí de travesía con el esquí alpino, resulta evidente el grave peligro que representa ascender haciendo esquí de travesía por una pista en la que otros usuarios descienden a altas velocidades. Ante todo, sentido común: ascender por el lateral de las pistas es peligroso, pero subir haciendo zig-zag atravesando las pistas es poner en riesgo la integridad física propia y la del resto de usuarios.
Esta invasión de las pistas es el origen de numerosos accidentes, ya que, si un esquiador de travesía se cruza con uno de alpino y por cualquier razón no tienen tiempo a reaccionar, el violento impacto puede conllevar a consecuencias desastrosas.
Sentido común: ascender por el lateral de las pistas es peligroso, pero subir haciendo zig-zag atravesando las pistas es poner en riesgo la integridad física propia y la del resto de usuarios.
Un sujeto de gran polémica dado que los practicantes de travesía, a pesar de que pueden disfrutar de su deporte en plena naturaleza, sin desarrollos urbanísticos ni ruido, sin remontes y sin aglomeraciones, aumenta el número de practicantes de SKIMO en las estaciones. Una problemática que a falta de legislación, como en la gran mayoría de conflictos, podría resolverse con respeto y sentido común, donde todas las partes pudieran disfrutar del medio natural y convivir en armonía.
Tanto en la modalidad de concesión como de propietario, las estaciones de esquí son empresas que gestionan, regulan y son responsables, de las actividades que se realicen en una propiedad estrictamente delimitada. ATUDEM, la Asociación Turística de Estaciones de Esquí y Montaña en España, especificó que la práctica de esta modalidad está taxativamente prohibida en su normativa del uso de pistas. Más allá de la prohibición, el sentido común debería de primar en el uso de un espacio destinado a una práctica deportiva concreta y no a otra. La preparación de las pistas conlleva un enorme coste a las estaciones de esquí y si la nieve natural escasea, la inversión aumenta al utilizar los sistemas de innivación.
 
 

Ausencia de ordenamiento jurídico en España

El Reglamento de la Ley de Ordenación de Transportes Terrestres data de 1990 -ha nevado desde entonces- y mucho ha cambiado la industria de la nieve para considerar la jurisprudencia relativa a dominios esquiables en España como desactualizada, dejando lagunas que generan conflicto en los diferentes usos y practicas deportivas. Cabe destacar que dicho reglamento, está orientado a las estaciones de esquí como centros turísticos, puntualizando la normativa sobre los remontes mecánicos, las pistas y las instalaciones de uso público vinculadas. España precisa un marco jurídico específico y concreto, que será fundamental para estructurar el orden y funcionamiento de las estaciones de esquí, con sus obligaciones y derechos de todas las partes implicadas.
A estos efectos, Gabriel Morales Arruga, realizó un interesante documento indagando, entre otros, en los conceptos jurídicos en las estaciones de esquí y las problemáticas de las competencias estatales y autonómicas. Países como Italia, Austria y Francia tienen regulado el sector y disponen de organismos dedicados para hacer evolucionar las normativas en función de las necesidades del turismo de montaña. En España, todavía tenemos que remitirnos a la Ley 4/1964 de la concesión de Teleféricos y transportes por cable, donde resumiendo, existe una concesión pública, privada o mixta, y la entidad asume la explotación de los remontes, las inversiones y las actuaciones de seguridad y mantenimiento de los mismos.
Quizás en este punto radique el problema, dado que no existe una normativa específica para la actividad que se desarrolla en una estación de esquí aunque algunas autonomías, como la aragonesa, está realizando avances en una legislación «ad-hoc» en las actividades deportivas en montaña.
 
 

El peligro mortal de las pistas por la noche

Si estás pensando en acceder a las pistas después de su cierre, evitando el posible conflicto con los esquiadores alpinos, por favor, descarta automáticamente la idea. Esquiar en una pista que ya ha sido cerrada al público es muy peligroso y puede tener consecuencias mortales.
Las máquinas pisa-pistas o ratrack que se utilizan para preparar las pistas de esquí, en ciertas ocasiones utilizan un cable (denominados winch) que va fijado a unos anclajes para evitar su deslizamiento mientras están trabajando en el mantenimiento zonas escarpadas. Estos cables suelen tener una gran longitud, hasta 1.000 metros, y se mantienen muy tensos. Sobre todo a horas en las que la visibilidad es reducida o simplemente en cualquier cambio de rasante, es realmente fácil no ver estos cables mientras descendemos con un frontal. Esto significa, que al descender, a pesar de ver que la distancia con la máquina que está trabajando es amplia, el riesgo de accidente no disminuye. A continuación tenéis un vídeo de la estación de esquí Beaver Creek, donde se ve el trabajo de estas máquinas y los cables con los que debemos tener máxima precaución si practicamos SKIMO por la noche.
La colisión con este cableado suele ser mortal y, de hecho, ha sido la causa de graves accidentes, como el fallecimiento de Alfonso de Borbón en Colorado, Estados Unidos, en 1989.
Más allá de las consecuencias fatales que puede tener el esquí de travesía en las pistas de esquí durante la noche, es además una forma de dañar el trabajo de los equipos que preparan las pistas, que se emplean a fondo en su mantenimiento para el disfrute de los esquiadores que pagan por su uso al día siguiente. Utilizar las pistas pisadas por las máquinas bajo ciertas condiciones meteorológicas puede provocar baches que, al endurecerse, supongan un peligro para los esquiadores alpinos que desciendan por la pista al día siguiente.
Este ha sido un problema importante por ejemplo en la estación de Astún, con cientos de esquiadores accediendo a las pistas durante la noche cuando el dominio esquiable está cerrado, a pesar de las múltiples advertencias y paneles luminosos que lo indican.
 

Soluciones de las estaciones al esquí de travesía

Dado que las estaciones de esquí velan por la seguridad y el disfrute de todo tipo de esquiadores, las medidas adoptadas para la solución de estos problemas son variadas, en unas se prohibe y en otras se saca rendimiento económico.
La estación de Valdesquí decidió acabar con la moda de colarse en las pistas por la noche de una forma directa, rodeando con una valla perimetral todo el acceso al dominio esquiable. La estación cuenta con pases para esquiadores de travesía, los “pases SKIMO”, que incluyen rescate en pistas y atención médica, pero con unas normas muy específicas que prohíben el ascenso por las pistas y establecen las rutas permitidas para dicho ascenso. Por otro lado, la estación de Valgrande-Pajares no dudó en sacar rédito del auge del esquí de montaña en los terrenos públicos que ocupa la estación y sacó un forfait especial para estos practicantes de SKIMO de 5€ por día.
La estación de Peyragudes, promueve activamente el esquí de travesía, ofreciendo rutas señalizadas, seguras y gratuitas para la práctica de este deporte. La estación cuenta además con 6 kilómetros de pista marcada exclusivamente para el uso y disfrute del esquí de travesía.
La estación de Baqueira/Beret ha optado por ofrecer rutas específicas para el esquí de montaña que, junto aquellas de Val d’Aran, permiten a los esquiadores de travesía disfrutar de este deporte en una zona fácilmente accesible, controlada y segura, donde adquirir experiencia sin que haya situaciones de peligro como los aludes. De esta forma se evitan todos los problemas derivados de que los esquiadores de travesía accedan a las pistas de esquí alpino.
Desde luego, en la montaña hay sitio para todo tipo de esquiadores, pero es necesario respetar ciertas normas y grandes dosis de sentido común: el futuro es una convivencia agradable y segura entre unos esquiadores y otros. Por razones de seguridad, es básico que todo tipo de esquiadores accedan a las zonas destinadas a la modalidad deportiva que vayan a desarrollar y, siempre que se esté en el dominio de una estación de esquí, en los horarios en los cuales permanece abierta.

La montaña es un santuario de la naturaleza, un refugio de paz al que deberíamos de acudir con el máximo respeto hacia el entorno y hacia los demás. Respeto, educación y legislación, serían buenos pilares para impedir nuevos conflictos en una montaña abierta a todos los públicos.