Se acerca el invierno, el frío, el viento y los ambientes húmedos. Los días son más cortos y hay una menor sobreexposición al sol. Sin embargo no debemos olvidar que el ojo es un órgano muy delicado y tenemos que prestar atención en montaña y en entornos de nieve cuando vamos a esquiar. 

Los ojos, tan precisos como frágiles

Los ojos, nos permiten transformar la energía lumínica recibida en los fotoreceptores de la retina, en señales eléctricas que son enviadas rápidamente al cerebro a través del nervio óptico. Los ojos, aunque no superan los 2,5 cm de diámetro, son complejos y sorprendentes a la vez: desde el cristalino, hasta la pupila, pasando por el iris y la retina. Un flamante órgano, que destaca por su precisión y fragilidad.
La película lagrimal de los ojos es una defensa natural del ojo que sufre fácilmente en montaña. Está formada por capas que cubren la superficie frontal de los ojos.
El humor acuoso y el vítreo, son aquellos  líquidos situados alrededor de la córnea, el iris y el cristalino. Estos líquidos, nutren la superficie de la piel de los ojos, desinfectan mediante sustancias antibacterianas naturales para protegerse contra las infecciones y regulan la presión para su correcto funcionamiento, evitando la presión intraocular.

Tensión en la película lagrimal de los ojos

Las duras condiciones encontradas por los escaladores y esquiadores en entornos de alta montaña a menudo son propensas a poner tensión en la película lagrimal de los ojos, produciendo síntomas incómodos de ojo seco, dificultades visuales y un mayor riesgo de infección.
Ojo seco no significa necesariamente que estén “secos”
El ojo seco es un término utilizado para hacer referencia a anormalidades de la película lagrimal que recubre la superficie del ojo, protege los tejidos y mantiene una buena visión. Ojo seco no significa necesariamente que estén “secos”, dado que muchas personas diagnosticadas presentan lagrimeo aunque de baja calidad. Las atmósferas que presentan baja presión en el aire y valores reducidos en humedad relativa, causan una rápida evaporación de la capa de agua de la película lagrimal, especialmente cuando se combinan con el viento y los niveles de luz ultravioleta.
El resultado a menudo conduce a molestias en el globo ocular y reduce la claridad de la visión, dado que las condiciones de montaña, disminuyen la funcionalidad de la fina película de moléculas lípidas que cubre los ojos.
Los síntomas pueden incluir una sensación de ardor, picazón, sensación de picor y picazón. Los ojos a menudo se verán rojos e inflamados después de una jornada de esquí, si no utilizamos unas gafas de protección solar adecuadas a las situaciones extremas que nos podemos encontrar en montaña.
El mecanismo del ojo es una maravilla más de la naturaleza: la luz entra en el ojo a través de la córnea, pasando a través de la pupila y el cristalino y se enfoca en una pequeña área de la retina en la parte posterior del ojo, llamada mácula. La mácula se encuentra en el centro de la retina y nos proporciona visión detallada en línea recta.
Nos permite ver detalles, como los rasgos faciales y la letra pequeña. Cuando la mácula se deteriora a causa del envejecimiento y de factores externos que aceleran su degradación se produce una ruptura del delicado tejido macular, y los objetos puede verse borrosos, distorsionados y faltos de color.
Cuando la presión atmosférica es baja, normalmente por debajo de 1013, 25 hPa, habrá mayor probabilidad de que se formen tormentas pero también de que se altere la presión ocular del ojo, que oscila entre 12 y 22 mm Hg de forma habitual, siendo valores superiores o inferiores al rango, factores que pueden generar problemas a largo plazo.

Evitando los ojos secos del esquiador

Proteger los ojos del viento y la luz solar ultravioleta con gafas específicas para la nieve no es una banalidad, evitando usar gafas de sol destinadas a situaciones más favorables para el ojo humano. Se recomienda beber cantidades adecuadas de agua y evitar el consumo de alcoholdado que es importante evitar la deshidratación corporal en altitud pero también es otro factor agravante significativo en el caso de los ojos secos.
El uso de gotas adecuadas para humedecer los ojos (disponibles en la mayoría de las farmacias) suele ser útil, pero será necesario prestar atención al prospecto dado que algunos productos para el ojo seco contienen sustancias que pueden causar reacciones alérgicas en una minoría de personas.
El uso de lentes de contacto generalmente aumenta considerablemente la evaporación del agua y será preferible utilizar gafas mientras esquiamos. Desgraciadamente, llevar gafas por dentro de la gafas de ventisca suele ser incómodo y arriesgado en caso de accidente.
La correcta hidratación, evitando el alcohol en altitud, ayudará a mantener la presión arterial del cuerpo regulada, dado que las bajas temperaturas hacen aumentar la presión sanguínea y en consecuencia, la presión interna en el ojo. 
La refracción de la nieve es relevante, incidiendo los rayos UV y los HEV (conocida como luz azul) con longitudes de onda entre 400 y 500 nanómetros, pueden generar cataratas, degeneración de la citada mácula e incluso ceguera.
Con los niños y adolescentes deberemos de multiplicar las precauciones, dado que están en fase de crecimiento y el globo ocular no es maduro. Las ausencia de cromóforos amarillos maduros en el cristalino de los niños, hace que parte de radiación progrese hasta la retina, pudiendo generar problemas en la Mácula. Es muy recomendable utilizar para esquiar gafas específicas para la nieve, con protección 100% UV y HEV, siendo las de policarbonato las más resistentes a los posibles impactos y caídas.
Elegir entre gafas de sol o de ventisca los días de sol, es cuestión de estética pero también de practicidad. La máscara protege mejor de los impactos, del viento y de posibles partículas que puedan entrar mientras descendemos las pistas.
Será importante adquirir unas que tengan factor 4 de filtro solar, que absorverán más del 90% de la luminosidad extrema que podemos encontrar en una estación de esquí y también ayudará a prevenir las posibles situaciones de sequedad ocular con una buena hidratación.